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martes, 21 de noviembre de 2017

Lo que el estado intentó ocultar


Los años de trabajo de investigación dedicados a Voces desde el más allá de la historia dieron su fruto en el libro publicado con este título por Incipit Editores en 2015. Reescribir la historia no es fácil, por no decir imposible, sobretodo cuando se descubre el gran empeño del poder en contar determinados episodios de una manera distinta a la que demuestran los hechos descubiertos en mis hallazgos.

¿Por qué dudar de un historiador? Es la única razón por la cual se puede plantear consultar las fuentes citadas en la versión de un asesinato que se detalla excesivamente para un personaje que nadie conoce. Sin embargo, en 1866 ocultar cómo ocurrió el asesinato de Federico Puig Romero producido el 22 de junio dio demasiados quebraderos de cabeza al gobierno de Isabel II.






Federico Puig Romero y Alfonso XII.


Federico Puig Romero era un coronel de artillería al mando del 5º regimiento a pie alojado en el cuartel de San Gil de Madrid, ubicado en la actual Plaza de España. Allí se inició un movimiento revolucionario liderado por el general Prim que fracasa en su inicio, con múltiples contradicciones sobre lo ocurrido en el interior del cuartel. Varios oficiales de artillería murieron, pero solamente una de estas muertes fue considerada asesinato: la de Federico Puig Romero, cuya posible paternidad del entonces príncipe Alfonso tiene probado fundamento en contra de la divulgada por el entorno de la reina Isabel II acerca de que esta correspondiera al oficial de ingenieros Enrique Puigmoltó y Mayans.

Isabel II.

La cuestión es que en este asesinato hubieron testigos: la propia familia de Federico Puig Romero, a la que Isabel II hizo concesiones extraordinarias, manteniéndose silencio sobre lo ocurrido. Pero estos hechos tendrían consecuencias muy graves años después, cuando salen a luz nuevamente en 1872, llegando a generar un conflicto que derivó en la abdicación del rey Amadeo I y la proclamación de la primera república.

General Ramón María Narváez, fallecido en 1868.

Alfonso XII retornaría el trono a los borbones en 1875. Al año siguiente se publica un libro de historia con una versión pormenorizada de la muerte de Federico Puig Romero falseando las fuentes citadas. Nunca me hubiera sido posible descubrirlo de no tener una fuente familiar que me había transmitido las circunstancias de ese asesinato, en nada coincidente a la versión del historiador. La discrepancia me hizo dudar de la versión familiar y queriendo averiguar más me encontré con la sorpresa de que lo falso era lo que se contaba en aquel libro, patrocinado por la Restauración y firmado por el historiador Antonio Pirala. Aquella ignominiosa muerte quedaría sepultada en la memoria.

General Leopoldo O'Donnell, fallecido en 1867 y conocedor del pasado secreto de Federico Puig Romero.



El atentado contra el general Prim en 1870 daría pie a infinidad de especulaciones sobre la autoría intelectual, aunque quedaran claros los hechos. En el caso de Federico Puig Romero, los hechos ocurridos en 1866 nunca quedaron esclarecidos y sin embargo se cerró el caso en unos días, borrándose el rastro de lo ocurrido. ¿Por qué era tan importante para el estado que no se supiera la verdad sobre este asesinato? ¿A quién se intentaba encubrir? 

General Juan Prim y Prats.

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General Francisco Serrano, primer amante conocido
de Isabel II e involucrado en el atentado a Prim.













¿A quién benefició esta muerte o a quién podía perjudicar que siguiera vivo? ¿Tomó parte en este asesinato el general Prim? ¿Qué papel desempeñaron en todos estos hechos los generales Serrano, O’Donnell y Narváez? 



La parte que toma Isabel II es incuestionable. Y el pasado oculto ligado a ello da una pista. Las claves para resolverlo se hallan en Voces desde el más allá de la historia.