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miércoles, 29 de septiembre de 2021

Ceremonia de entrega de los Premios de la Crítica Valenciana 2021


Este sábado 25 de septiembre se celebró en el espléndido escenario de La Rambleta la ceremonia de entrega de los Premios de la Crítica Valenciana concedidos en mayo de este año en las modalidades de ensayo y crítica, narrativa, literatura dramática y poesía. Fue el primer evento de estas características celebrado después del inicio de la crisis del COVID, que impidió la ceremonia para los galardonados en 2020, retrasándose en dos ocasiones y llegando a solaparse con los premios de este año. 

Prevista la entrega de los premios 2020 en breve, los asistentes a la entrega de los de 2021 tuvimos la oportunidad de disfrutar de un evento muy lucido, con impecable organización y esmero para que todo resultara perfecto para celebrar triunfo de los galardonados este año: 


Antonio Penadés en la modalidad de ensayo y crítica por su obra Viaje a la Grecia clásica.

Bárbara Blasco en la modalidad de narrativa por su obra Dicen los síntomas.

Josi Alvarado en la modalidad de literatura dramática por su obra La Tarara.

Pilar Blanco en la modalidad de poesía por su obra Yo escribo la noche.

Enlace a Viu Valencia

Desde aquí mi enhorabuena a todos los ganadores y su merecido reconocimiento por nuestra asociación, comprometida en el apoyo al arte y literatura. 



  

martes, 31 de agosto de 2021

El calvario de la elegida de Fernando VII

Última instancia de Gertrudis Romero a Fernando VII (28-5-1824)


Hoy se cumplen ciento noventa y siete años de su muerte y quiero dedicarle un homenaje a esta mujer que tuvo que inmolarse quedando a merced de los caprichos de Fernando VII sin opción posible. Gertrudis Romero, mi antepasada, hubo de soportar a lo largo de nueve años ser sometida a los oscuros deseos de Fernando VII, que decidió hacerla suya sin importarle que fuera una mujer casada y con siete hijos. Tampoco valieron de nada los méritos de su marido, Vicente Puig, militar que luchó contra los invasores para devolverle a Fernando VII el trono que por cierto había adquirido por malos modos conspirando contra su padre el rey Carlos IV e incluso llegando a intentar envenenar a su madre, María Luisa. 

Vicente Puig era un estorbo y necesitaba deshacerse de él cuando ella quedó embarazada de un vástago real que llevó el apellido Puig aunque le correspondiera Borbón. El víacrucis de Gertrudis no había hecho más que empezar. Desde el instante en que se convirtió en blanco de las apetencias borbónicas solo podía elegir entre darles un futuro a sus hijos o sufrir las iras del déspota que con toda tranquilidad destruía hogares y familias sin que tuviera que rendir cuentas a nadie. 

Se me eriza la piel de pensar en lo que debió suponer para ella someterse sexualmente al verdugo del marido que amaba y no poder oponer la menor resistencia por el bien de sus hijos, que se incrementaron con otros dos del rey, la última, ahijada de su propio padre. Me cuesta imaginar lo que tuvo que ser para ella participar en la infidelidad de Fernando VII a su esposa la reina Isabel de Braganza, a cuyo servicio puso a Gertrudis como azafata para tenerla cerca. 

Pero todo ese suplicio de nada valió cuando el déspota decidió emprenderla contra ella y su familia, agotando sus días prematuramente y regodeándose en dejarla en la más absoluta miseria a ella, sus hijos del primer matrimonio y los tres de sangre real. Solo fue magnánimo a la hora de pagar el funeral, que se llevo a cabo con oficio funeral de secreto. Y tal como había sucedido con Vicente Puig, la causa verdadera de su muerte fue ocultada. Quizá fuera la misma que pensaba propiciar a su propia madre. 

Pero el destino, caprichoso, no permitiría que la semilla de Vicente y Gertrudis se perdiera en sus fines de vida anticipados. La heredera de Fernando VII se encargaría de que su vástago real llevara la sangre Puig Romero. 

Enlace a Los últimos días de la abuela extraoficial de Alfonso XII

Descanse en paz mi antepasada Gertrudis, madre de siete hijos Puig,  de tres Borbón y abuela de rey.

 

martes, 10 de agosto de 2021

Los restos del cuartel de San Gil salen a la luz




                           

Dentro de no mucho tiempo podré pisar aquel pavimento donde murió desangrado el coronel de artillería Federico Puig Romero el 22 de junio de 1866. Después de tantas veces de haber escuchado a mi abuela contar cómo había muerto asesinado mi tatarabuelo dentro del cuartel de San Gil nunca dejaba de estremecerme aquella cruenta muerte en estado de completa indefensión presenciada por su esposa y dos niños, el mayor de ellos mi bisabuelo Federico Puig Romaguera.

Retrato de Federico Puig Romero conservado en el Museo Específico de la Academia de Artillería de Segovia

Los disparos de los sargentos entrando a su vivienda y cómo lo escucharon todo tras una puerta su esposa y dos hijos…, el tiro de gracia que querían darle y alguno de los sargentos se negó porque había sido muy bueno con ellos..., el asistente del coronel Puig interponiéndose ante la puerta tras la que se ocultaban la esposa e hijos a los que también buscaban para matarlos… Y luego, la entrevista con la reina Isabel II que prometió proteger a los huérfanos y doblar la pensión a la viuda… Pero a cambio de SILENCIO. 


Escenificación del asalto al cuartel de San Gil el 22 de junio de 1866
                           

Al empezar a investigar en serio aquella historia busqué la ubicación de aquel legendario cuartel de San Gil donde  se habían producido estos hechos que marcaron no solo el rumbo de mi existencia, pues de la salvación de aquellos niños depende que yo naciera, sino de la misma historia de España, que dejaría atrás la monarquía por primera vez en 1873, culminando un conflicto de magnas proporciones por la evocación de este asesinato y las muertes de oficiales artilleros en aquella jornada que se inició con el disparo a mi tatarabuelo en su vivienda dentro del cuartel. 


Cuando localicé el cuartel, ya no había cuartel. En su lugar vi la hoy conocida como Plaza de España de Madrid. Indagando un poco más supe que el cuartel había sido derribado al comienzo del reinado de Alfonso XIII, y yendo un poco más allá supe que su madre, mientras fue regente, hizo lo posible para silenciar todo lo relativo al asesinato de Federico Puig Romero. Un gran contraste con la actitud de su marido, el rey Alfonso XII, que se involucró estrechamente con la artillería y buscó a sus hermanos de padre, Federico y Enrique Puig Romaguera, aquellos dos niños salvados milagrosamente de terminar del mismo modo que su padre. 


                     


Cuando logré sacar este pasado a la luz, primero en mi libro de investigación Voces desde el más allá de la historia (Incipit 2015) y luego la novela basada en ello, Alfonso XII y la corona maldita, tuve la fortuna de que este libro resultara galardonado y acudí el 23 de abril de 2018 a recibir el Premio Hispania de Novela Histórica sin dejar de pasar por aquel emblemático lugar que tanto ha significado para mí a lo largo de muchos años de trabajo e investigación. No había vestigio del cuartel y tomé algunas fotos al monumento de Don Quijote y Sancho Panza que allí se erige. 


                 


Un año después se iniciaron las obras de reforma de la Plaza de España. Y ahora, en 2021, se han hallado restos arqueológicos del cuartel de San Gil que formarán parte del proyecto de un itinerario arqueológico con todos los hallazgos y evolución de este lugar de Madrid. A los contrafuertes hallados previamente en la calle Bailén y la planta baja y sótanos del palacio de Godoy se suman desde junio de este año los del cuartel de San Gil. Cuando leí esta noticia la emoción afloró recordando esa sangrienta jornada de 22 de junio de 1866 que se utilizó para camuflar la conspiración de que fue objeto mi tatarabuelo. 


Acto de entrega del Premio Hispania de Novela Histórica el 23 de abril de 2018
                                   

Este nuevo paseo entre el templo de Debod y el Palacio Real permitirá un recorrido cultural que rememorará esa historia que tanto fue intentada ocultar. Y allí estaré, si las circunstancias me lo permiten, en aquel lugar donde rendiré mi homenaje a este antepasado que la historia quiso borrar. Y así lo anticipé en mi libro Voces desde el más allá de la historia, casi de forma premonitoria, al final del último capítulo, cuando se alude a las cartas del rey Alfonso XII a sus hermanos Federico y Enrique Puig Romaguera.  

«Acaso simplemente pensara que es imposible huir del pasado, que retorna con fuerza cuando menos se le espera. Se había echado demasiada tierra sobre el de su padre, sin contar con que la tierra algún día abriría sus entrañas y dejaría al descubierto lo que se había intentado sepultar sin haber muerto».


lunes, 12 de julio de 2021

El tío tísico de Alfonso XII




Alfonso XII y Federico Puig Romero (foto montaje de Paco Arenas)



Tal día como ayer en 1863 fallecía en Cáceres José Puig Romero. Se lo llevaba la tisis, como había sucedido a su hermana Encarnación catorce años antes, y como  le sucedería más tarde al rey Alfonso XII, que no llegó a cumplir diez años de reinado a causa de la tisis pulmonar que muchos achacaban al legado  de su padre biológico que se daba por supuesto no era su padre oficial, el rey consorte Francisco de Asís. Las habladurías en torno a la orientación sexual del marido de la reina Isabel II iban en la línea de justificar el talante promiscuo de la heredera de Fernando VII. Mantenía así bastante ocupada a su corte, siempre a la caza de los últimos chismorreos sobre el ocupante de turno del tálamo real. Tal pareciera el Sálvame de la época, cuando a cada nuevo embarazo se barajaban diversos nombres para el correspondiente progenitor del vástago real en camino.


Francisco de Asís Borbón

                                       

En el caso del heredero de la corona, el príncipe Alfonso, los rumores se expandieron hasta el Vaticano desde el mismo entorno de la reina, tomando parte activa en ello el candidato elegido, Enrique Puigmoltó y Mayans, que al parecer no fue nada discreto, desempeñando a la perfección el papel que tenía  en esta cortina de humo que pretendía desviar la atención del amante secreto de la reina en los días de la concepción de su hijo Alfonso. Por aquel entonces José Puig Romero se hallaba en la corte y no quedó al margen de la encerrona en que había caído su hermano Federico,  casi en idénticas circunstancias que su madre, Gertrudis Romero, sometida a los caprichos regios de Fernando VII. Se repetía la historia con Federico e Isabel II. Y los caprichos regios eran ineludibles…

Isabel II

                                      

Federico, artillero regido por códigos de honor, se vio en la tesitura de tener que acatar los deseos exacerbados de la reina que lo elegía con el aliciente de compartir hermanos con él de la unión entre Fernando VII y Gertrudis Romero. Aquel pasado pesaba como una losa y lo único que pidió Federico, casado y con dos hijos, fue silencio. José, menos dado a las cuestiones éticas y acuciado por la enfermedad de su hijo, intentó aprovechar esta relación secreta de su hermano con la reina. Al fin y al cabo, era el tío del príncipe Alfonso. Los dos hermanos Puig Romero eran las dos caras de la misma moneda. Ambos militares y marcados por el destino trágico de sus padres a manos de Fernando VII, siguieron trayectorias bien distintas. Mientras Federico llegó a lo más alto al ingresar en Artillería, con un casamiento adecuado a su elevado status, el matrimonio de José fue desgraciado y ni siquiera fue apto para aprobarse en el Montepío Militar. Solo le quedaba un hijo que estaba demente y requería gastos desorbitados que le endeudaron hasta el punto de incurrir en procedimientos irregulares que le supusieron arrestos y penas militares, interviniendo la mano de la reina en algunos casos para sacar de apuros a su cuñado.


Fernando VII

                                              

En ese último destierro de José, ya fallecido su hijo, hallándose en plena soledad, avanzaba imparable la tuberculosis que no padecía Enrique Puigmoltó y Mayans ni nadie en su familia. La enfermedad sin embargo hizo estragos en los descendientes de Federico, el primero de ellos, el príncipe Alfonso. José no lo llegaría a ver. En sus últimos días  recibió la ayuda espiritual que dos presbíteros que se ocuparon de darle entierro de noble a pesar de su pobreza. En manos de aquellos quedó el secreto de un pasado ominoso y el nexo a su sobrino el príncipe. El rumbo de los acontecimientos dio entonces un viraje y Federico empezó a temer que todo lo que tanto había costado ocultar saliera a la luz y se aprovecharan de ello los enemigos del trono. Pero el silencio quedó garantizado menos de tres años después. Federico sería trasladado al cuartel de San Gil que se convertiría en el matadero de él y los oficiales que compartían su secreto. El 22 de junio de 1866 Federico era asesinado y el misterio en torno a las auténticas circunstancias de los hechos no haría más que empezar... Todas las claves en Voces desde el más allá de la historia y su versión novelada Alfonso XII y la corona maldita.


viernes, 18 de junio de 2021

La primogénita de Fernando VII apellidada Puig

Isabel II

La primera hija de Fernando VII no nació de una reina. En 1806 el entonces príncipe Fernando enviuda de su primera esposa,  María Antonia Borbón, sin haber logrado forjar ningún heredero sano a lo largo de cuatro años. Tuvieron que pasar diez años más hasta su próximo matrimonio. La causa de este retraso fue la invasión francesa que él mismo había propiciado en 1807 cuando conspiró contra su padre, el rey Carlos IV, y buscó alianza con Napoleón, que no desperdició la ocasión que Fernando le puso en bandeja.

María Antonia Borbón


Tras años de lucha contra los invasores, en 1814 Fernando VII  es repuesto en el trono y urge buscarle esposa para asegurar la sucesión. A comienzos de 1816 se inician los preparativos para su enlace con María Isabel de Braganza, con la que se casa en septiembre de ese año. Tres meses antes nace su primogénita, del mismo nombre que su madre, Gertrudis Romero, viuda del militar Vicente Puig. Esta niña, que se  hizo pasar como póstuma, nació el 22 de junio de 1816. El mismo día, cincuenta años después, sería asesinado Federico, hermano por línea materna de esta niña que fue bautizada en la madrileña parroquia de San Sebastián con los apellidos Puig Romero, a pesar de que Vicente Puig poco o nada pudo mediar en su concepción pues fue enviado a destino apartado. Quién sabe si llegó a enterarse de que su esposa iba a ser madre de un vástago real. Su extraña muerte, repentina y prematura, que requirió falsificar su defunción, se produce poco después de confirmarse el embarazo ilegítimo de Gertrudis. 

María Isabel de Braganza


 En marzo de 1816 Fernando VII nombra a Gertrudis Romero azafata de la reina antes de que hubiera reina, hallándose Gertrudis embarazada de seis meses aunque en documentos de la viudedad hiciera constar de dos meses más para que las cuentas salieran y pudiera atribuirse a su marido, lo cual conducía al absurdo de que el embarazo hubiera durado once meses… 

Con el apellido Puig y no Borbón, esta primogénita de Fernando VII suponía su única esperanza para proporcionar herederos de la corona. De su breve matrimonio con María Isabel de Braganza apenas había sobrevivido una niña por poco tiempo. Sin darse tiempo para duelos, Fernando VII contrajo nuevas nupcias con Josefa Amalia de Sajonia en 1819. Esta esposa le duró más tiempo, diez años, pero sin un solo embarazo. A lo largo de todo este tiempo Fernando VII tuvo más hijos con la ex azafata, que siguió viviendo en palacio, casándose en la capilla real con el marido que le buscaron para dar apellido a los nuevos hijos del rey,  Juan y Fernanda Guillelmi, esta última, apadrinada por Fernando VII. En 1823 el monarca reniega de sus tres hijos llegando a aborrecer a esta familia que hace caer en la miseria y tan solo se digna pagar el entierro secreto de Gertrudis Romero en 1824. Por esos caprichos del destino, la ex azafata caída en desgracia andando el tiempo llegaría a ser abuela de un rey...


Fernando VII y Josefa Amalia de Sajonia

Gertrudis Puig Romero,  hermana biológica  de Juan y Fernanda Guillelmi y por línea materna del resto de apellidados Puig Romero, fue sacada del Real colegio costeado por su padre el rey para casarse con un guardia real de rancio abolengo, sin que llegara a tener hijos. La vida de Gertrudis Puig Romero, de salud quebradiza, sería breve. Su hermana Isabel, la primogénita oficial de apellido Borbón, nacería en 1830 del matrimonio de Fernando VII con su sobrina María Cristina de Borbón.  Gertrudis dejaba el mundo en 1842, siendo su hermana proclamada como Isabel II un año después, a la edad de trece años.

Fernando VII y María Cristina Borbón

La historia podía haber terminado ahí… Pero no fue así, por desgracia. La nefasta cercanía no buscada de los Puig con los Borbón llevó a situaciones repetidas, no solo de la fecha 22 de junio en que se daba el nacimiento de Gertrudis y cincuenta años después el asesinato de su hermano  Federico. Federico, al igual que su madre, se vio sometido a los caprichos de los Borbón: ella, de Fernando VII; él, de Isabel II, hermana de su hermana Gertrudis. Y del mismo modo que sus padres, los días de Federico  terminarían anticipadamente, tras haber dejado un heredero a Isabel, que reinaría en el futuro con el nombre de Alfonso XII, cuya paternidad se atribuyó a otro que sirvió de tapadera, como en su tiempo lo fue Juan Guillelmi.  En la siguiente generación, los hijos legítimos de Federico llegan a descubrir estos nexos de sangre con Alfonso, que se dirige a ellos como su hermano.

Federico Puig Romero y Alfonso XII

La investigación que da a la luz todos estos hechos, publicados en mi libro Voces desde el más allá de la historia (Incipit, 2015) parece superar la ficción. Por eso era tan necesario escribir este libro previamente a la novela histórica basada en estos hechos reales que en opinión de muchos dan para un guion cinematográfico. La novela histórica, titulada Alfonso XII y la corona maldita (Altera, 2018), deja claro al principio que es una historia novelada  con la ficción necesaria, y  me ratifico en mi advertencia inicial: ojalá que los hechos más terribles de esta historia fueran solamente una ficción...

   



jueves, 15 de abril de 2021

La cuna de Alfonso XII


Hace un tiempo, en una feria de libro donde firmaba  Voces desde el más allá de la historia,  se acercó a mi caseta un personaje bastante conocido que había publicado algún que otro artículo sobre Alfonso XII en un diario valenciano. Venía por otros libros pero le llamó la atención el mío y le expliqué la investigación de que trataba, basada en el asesinato del verdadero padre de Alfonso XII, mi tatarabuelo Federico Puig Romero. Me miró incrédulo e intrigado pues no le parecía posible otro padre biológico que no fuera Enrique Puigmoltó y Mayans. Se lo llevó con mi dedicatoria, sin pagar, pidiendo mi teléfono para informarme pues se extrañaba de que algo tan novedoso como esto no se le hubiera hecho llegar. Ni qué decir que nunca me llamó ni mucho menos publicó una reseña en el conocido diario valenciano en que colaboraba. Pero arrieros somos…

Un año después volvimos a encontrarnos en el mismo escenario, y creo que se hubiera escabullido si no lo saludo. Entonces me dio su opinión del libro, que le había impresionado y convencido de esa otra hipótesis sobre la paternidad de Alfonso XII. Le había sembrado fundadas dudas sobre lo que daba por hecho, al igual que una mayoría de autores que se han limitado a hacerse eco de la leyenda que se propagó desde el entorno de la reina Isabel II para achacar la paternidad de su hijo el príncipe Alfonso a un oficial de ingenieros. De hecho, cuando en nuestra primera entrevista le planteé esta nueva paternidad de Alfonso XII hasta entonces ignorada, me preguntó dos cosas. Una, si no contactaba con la familia real. A eso respondí que no tengo ningún interés, ni mucho menos me complace que tengamos este vínculo genealógico. Se extrañó de oír eso, y por otro lado, su máxima argumentación para seguir apoyando la candidatura de Puigmoltó fue: 

¿Y entonces, cómo se explica lo de la cuna?

Me hizo sonreír con esta pregunta. La primera referencia que tuve de esa cuna fue en un gran libro que inspiró  mis investigaciones, La otra vida de Alfonso XII, de Ricardo de la Cierva, un historiador monárquico que cuenta con mi admiración por la rigurosidad de su trabajo. Falleció poco antes de que yo publicara mi libro y estoy convencida de que si hubiera tenido oportunidad de leerlo habría estado abierto a esas nuevas posibilidades que plantea mi investigación. Su impecable biografía de Alfonso XII está basada en búsquedas en archivos y cuando menciona lo de la cuna lo deja caer como algo anecdótico que se decía por ahí, sin darle más credibilidad o fundamento que lo que se puede dar a un rumor. 

La anécdota de la cuna que se cuenta es que la reina Isabel II regaló a la familia de Puigmoltó la cuna de su hijo, con una figura haciendo seña de guardar silencio. Lo primero que pensé es ¿para qué le regala la cuna de su hijo? No es algo de lo que quiera desprenderse una madre. Y respecto a la seña de silencio, la advertencia llegaba un poco tarde, puesto que de este oficial se dice que cometió muchas indiscreciones hablando por todos lados de su idilio con la reina. Ya nada había que acallar porque los rumores se habían expandido con la mayor efectividad, llegando a oídos del confesor de la reina, tal como convenía. De haberse sabido que la verdadera identidad del padre de Alfonso correspondía a Federico Puig Romero y llegara a descubrirse el pasado secreto que vinculaba a sus padres con Fernando VII, la corona de Isabel II hubiera podido ser arrebatada por los carlistas que hubieran aprovechado esa información que convenía ocultar a toda  costa. 

El estrecho vínculo a través de lazos de familia entre Enrique Puigmoltó (padre de Alfonso divulgado) y Federico Puig Romero (padre de Alfonso encubierto) supuso la oportunidad de desviar la atención de lo que interesaba ocultar. El regalo de la cuna probablemente fue cierto, y la pedida tácita de silencio también. Solo que el pacto de silencio no era por la paternidad del príncipe correspondiente a Puigmoltó, pues había sido divulgada hasta la saciedad, no solo por el mismo oficial de ingenieros, sino por el mismo entorno de la reina. El silencio era sobre lo que esta cortina de humo permitía mantener en secreto. 

En cualquier caso, la anécdota de la cuna se basa en un rumor, como lo fue que Puigmoltó era tísico, algo que cae por su peso, siendo sin embargo esta enfermedad propia de la familia de Federico. Lo que no cuenta ninguno de los autores que se limitan a reproducir la leyenda Puigmoltó es que Madrazo,  pintor de cámara de la reina Isabel II, tenía en su agenda de bolsillo de 1858 las anotaciones de dos retratos: el de Enrique Puigmoltó y Mayans y el de su hermano Rafael, compañero de Federico fallecido años atrás. Quizá estos retratos fueron también un pago a su silencio, bien por parte de la reina o bien por el mismo Federico. Lo más curioso es que no se haya conocido hasta el día de hoy ni una sola imagen de Enrique Puigmoltó, a pesar de que fue un personaje relevante e incluso llegó a ser diputado.  


Federico Puig Romero y Alfonso XII.

Retomando lo de la cuna, el mito pareció hacerse realidad cuando  salió a subasta una cuna de las características de la anécdota en septiembre de 2018, coincidiendo con la puesta en venta de mi novela Alfonso XII y la corona maldita, que a comienzos de año había resultado ganadora del Premio Hispania de Novela Histórica y está basada en las investigaciones de Voces desde el más allá de la historia. El valor estimado de esta pieza según la agencia que la subastaba es de 30.000 a 40.000 euros. Me surge de inmediato una pregunta: ¿Tan necesitados están los descendientes de Enrique Puigmoltó  para vender este regalo de la reina Isabel II? ¿Por qué no vender mejor el retrato de Madrazo? Eso sí sería una verdadera pieza de colección que valdría mucho en el mercado del coleccionismo. Aunque tal vez estropearía la leyenda el nulo parecido físico entre Puigmoltó y Alfonso que sin embargo es notorio entre Alfonso XII y Federico Puig Romero, con cuyos hijos legítimos guarda mucho menos parecido. El mayor de ellos, Federico Puig Romaguera, guarda sin embargo parecido con su supuesto sobrino, Alfonso XIII.


La leyenda ya no es inamovible porque hay un nuevo candidato, como lo publicó Levante en la primera presentación de mi libro, del cual extraigo el primer párrafo:

«En los anales españoles, el rey Francisco de Asís de Borbón -consorte de Isabel II- figura oficialmente como padre de Alfonso XII. No obstante, algunos historiadores cuentan que el «verdadero» progenitor del apodado «Pacificador» -el rey Alfonso-, hijo de Isabel, la reina «de los Tristes Destinos», fue un capitán de Ingenieros llamado Enrique Puigmoltó. No parece, la de la paternidad, una cuestión zanjada de manera definitiva. De hecho, acaba de aparecer el nombre de otro presunto padre para Alfonso XII».


Federico Puig Romaguera y su supuesto sobrino Alfonso XIII.


A la espera de una prueba genética que disipe las dudas sobre la identidad del ascendiente del actual monarca español, la supuesta cuna subastada no aporta nada que no sea el empeño en querer seguir alimentando la leyenda Puigmoltó, que al día de hoy, y sin mayores pruebas, no pasa de ser eso.





sábado, 20 de marzo de 2021

Los papeles reservados de Fernando VII


Habían permanecido ocultos en el despacho del rey Fernando VII durante casi diez años después de su muerte. En 1842, ya fuera de España su viuda, la ex regente María Cristina, se descubrieron en una de las estanterías de la biblioteca particular del difunto rey. Allí había nada menos que 108 volúmenes Contenían anotaciones del mismo Fernando VII, lo que permitió esclarecer la autoría de esta agrupación, o más bien escondrijo de papeles que pertenecían a diversos archivos y se había apropiado Fernando para sus intereses particulares.

Hasta la llegada de la primera república no se logró el traslado de estos volúmenes al palacio del congreso de diputados, el 3 de abril de 1873. Y allí permanecieron estos volúmenes hasta la vuelta de la monarquía con Alfonso XII en 1875. Se decidió entonces regresar a la Casa Real 64 volúmenes, dejando en el archivo del congreso de diputados los restantes, por ser de contenido parlamentario. 



El alcance y descripción de los tomos que componen esta documentación viene excelentemente descrito en un trabajo de Miguel Rodríguez Castillo(1). En ellos queda claro qué preocupaba a Fernando VII y el régimen de terror que imponía a base de persecuciones a quienes considerara un peligro para su absolutismo. Estos papeles están llenos de listas de personajes que perseguía por diversos motivos, o a veces ninguno. En este grupo variopinto se encuentran liberales, adeptos a Bonaparte, masones y un largo etcétera. Al parecer Fernando llevaba un completo seguimiento de quienes fueran blanco de su real cólera, al más puro estilo de la Gestapo. 

Peor suerte tuvieron mis antepasados, que sin incluirse en ninguna de estas listas,  tuvieron la desgracia de cruzarse en el camino de este monarca que decidió hacer suya a mi antepasada Gertrudis y quitar de en medio a quien hiciera falta para lograr su objetivo, lo que derivó en la muerte  prematura de su esposo Vicente Puig, un militar que lo había dado todo por reponer a Fernando en el trono.  Poco imaginaba lo que le esperaba a su esposa e hijos, que quedarían en manos del absoluto en una tenebrosa historia que termina trágicamente en estrechos lazos de vida y muerte a través de tres generaciones y un hijo ilegítimo de mi antepasado: Alfonso XII.

La investigación detallada se halla en mi libro Voces desde el más allá de la historia, Incipit, 2015. Basada en este libro en 2018 fue publicada por Ediciones Altera mi novela ganadora del premio Hispania de Novela Histórica Alfonso XII y la corona maldita.


(1)Enlace al trabajo de Miguel Rodríguez Castillo