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martes, 14 de enero de 2020

La novela histórica en C.L.A.V.E.



Con Juan Luis Bedins y la escritora y periodista Elga Reátegui, que también se incorpora a la nueva junta directiva de C.L.A.V.E.

El pasado 8 de enero se realizó una asamblea entre los socios y socias de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios, más conocida como C.L.A.V.E. Terminaba la legislatura del que había sido presidente a lo largo de dos períodos consecutivos, Juan Luis Bedins. Realizadas las votaciones, Juan Luis Bedins fue reelegido por unanimidad para los próximos cuatro años. En la asamblea, Juan Luis Bedins presentó a la nueva junta directiva, de la que tengo el orgullo de haber sido llamada a formar parte, asignándoseme además un importante cometido que me hace muchísima ilusión: el área de Novela Histórica, una novedad en la asociación, que va creciendo y ampliando sus horizontes. De ello se ha hecho eco Las Provincias en publicación de 10 de enero de 2020.

He de agradecer a Juan Luis Bedins su apoyo desde que me inicié en este mundo de los escritores, recién publicada mi obra Voces desde el más allá de la historia. El recorrido de este libro no ha sido fácil por la temática que plantea, resultado de una ardua investigación de años que saca a la luz hechos ignorados sobre la dinastía Borbón que atañen a mis antepasados y dejaron consecuencias hasta entonces ignoradas. Me planteé la dura prueba de someter a dictamen de la prestigiosa historiadora Isabel Burdiel la valoración de mi libro para ser presentado en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, tal cual exige el protocolo. Isabel Burdiel, ganadora de un premio de investigación histórica en 2011 por una obra sobre Isabel II, hallaría en mi libro nuevos datos que definió como importantes aportaciones, dando vía libre a la presentación, que se llevó a cabo el 4 de mayo de 2017. Y allí estaba Juan Luis Bedins, en un día tan crucial para mí, lo cual, teniendo en cuenta su apretadísima agenda, le agradeceré siempre.

Con Juan Luis Bedins en la presentación de Voces desde el más allá de la historia en la Facultad de Geografía e Historia de Valencia.

Aquel día marcó el siguiente paso a seguir. Respondiendo a alguna de las preguntas que se me hicieron dije que escribiría una novela histórica basada en esta investigación, y no lo había hecho antes porque era necesario dar a conocer estos nuevos hechos históricos y no presentarlos como una ficción. La importancia de mis hallazgos había sido por fin reconocida y era la hora de llegar a los lectores de Novela Histórica. Así se gestó Alfonso XII y la corona maldita, la novela que presenté al concurso un mes después y resultó ganadora en enero de 2018 del Premio Hispania de Novela Histórica, siendo publicada a finales de ese año y presentada por primera vez en Madrid el 17 de enero de 2019, en la Librería Antes, especializada en historia.

En la presentación de Alfonso XII y la corona maldita en Librería Antes (Madrid) junto al equipo de Editorial Altera.

En esta nueva andadura de C.L.A.V.E. me he propuesto promover al máximo el género de Novela Histórica, que es el más leído, quizá porque permite a los lectores trasladarse a épocas que no ha conocido, guiados por la mano del autor o autora en quien que recae la gran responsabilidad de la documentación e investigación. Es difícil hallar el equilibrio entre la proporción de acontecimientos históricos y la ficción. Sobre eso podríamos hablar largo y tendido. En mi caso, escribí dos libros muy distintos sobre lo mismo. El primero, Voces desde el más allá de la historia, más de un historiador lo ha definido como una tesis doctoral, pero a la vez amena y entretenida. Otro historiador opina en Google Libros: Bien escrito, excelentemente estructurado -y era difícil por la complejidad narrativa de los hechos que relata- y documentado de forma rigurosa y exhaustiva, mezclando una amplia documentación de archivo con testimonios orales que, en realidad, son los que desencadenan la investigación. 

Con algunos integrantes de la junta directiva de C.L.A.V.E. en un momento distendido tras finalizar la asamblea. En la mesa, Juan Luis Bedins y la secretaria, Elia Saneleuterio.

De ahí pasar a la Novela Histórica implica un cambio total de registro. Aquí ya entra en juego la literatura, mientras que en el ensayo, y más en este caso en el que doy a conocer hechos nuevos, la escritura ha de ser prudente, sin afirmar más de lo que se pueda probar. Intenté escribirlo de forma sencilla y amena, pero riguroso al fin y al cabo, citando al final cada una de las fuentes e intentando ser objetiva a pesar de que era un tema que me implicaba directamente. Es un libro que puede interesar a historiadores y a cualquiera que le atraiga conocer hechos ocultos de la historia que contienen todos los ingredientes para una novela histórica negra. No tuve que buscar mis fuentes en el proceso habitual de documentación porque ya tenía ese trabajo hecho en mi anterior libro. Me limité a la creación literaria con todo lo que ello implica, y el resultado fue el premio que me ha marcado tanto.

En la presentación de Alfonso XII y la corona maldita en FNAC San Agustín (Valencia) con los ponentes Paco Arenas, que también me acompañó en la presentación de la Universidad de Valencia, y el escritor y colaborador con medios de comunicación Ginés Vera.

Actualmente me hallo en el proceso de investigación y escritura de mi siguiente novela histórica, que estoy segura sorprenderá, aunque el plazo será más largo porque es de gran envergadura. Y en medio de todo esto, me siento muy cercana a los autores de Novela Histórica con los que espero contar en diversos eventos organizados por C.L.A.V.E., abarcando diversas temáticas y planteamientos, que resulten tan interesantes para los lectores como para los autores. Gracias de nuevo a Juan Luis Bedins por esta oportunidad, y a todos los que formaréis parte de esta nueva etapa.

martes, 31 de diciembre de 2019

Limpieza de sangre de la abuela de Alfonso XII



La procedencia borbónica del rey Alfonso XII apenas puede certificarse por parte de su madre, la reina Isabel II, y la abuela de esta, María Luisa de Parma, esposa del rey Carlos IV, el cual parece ser que colaboró poco o nada en engendrar los vástagos reales, uno de ellos, el rey Fernando VII, y el otro, Francisco de Paula, sendos padres de la reina Isabel II y su consorte Francisco de Asís. De este matrimonio existen serias dudas de que se pueda atribuir progenie alguna a Francisco de Asís, surgiendo las incógnitas sobre los donantes genéticos que aportaron su granito de arena para que doña Isabel II y su abuela, doña María Luisa, trajeran al mundo vástagos reales.

Carlos IV y su esposa María Luisa Borbón Parma

   A la vista de esta información, Isabel II no habría logrado salir bien parada si se le hubiese solicitado un informe de limpieza de sangre. Afortunadamente no tuvo que someterse a esta intrincada prueba que sí debían pasar las aspirantes a contraer matrimonio con un oficial perteneciente a los Reales Ejércitos, como fue el caso de Gertrudis Romero, madre del padre biológico de Alfonso XII en mi novela Alfonso XII y la corona maldita, basada en hechos reales y documentados publicados en mi libro de investigación Voces desde el más allá de la historia, que desmonta, entre otras cosas, la leyenda sobre el oficial Enrique Puigmoltó y Mayans como el auténtico padre de Alfonso XII.
Isabel II y su esposo Francisco de Asís con el príncipe Alfonso.


En cualquier caso, Alfonso XII al menos tenía la garantía de que su abuela paterna, Gertrudis Romero, había superado en 1802 el informe de limpieza de sangre del cual se le hubiera eximido de haber sido noble o hija de oficial, porque en estos casos quedaba implícita la limpieza de sangre. Todo oficial de entonces, a partir del grado de capitán, como era el caso de Vicente Puig, para casarse debía solicitar Real Licencia al Montepío Militar. Si era concedida, en caso de muerte del oficial, la contrayente podría optar a pensión de viudedad y los hijos del matrimonio a la de orfandad.


Para elaborar el informe de limpieza de sangre se requería un notario que diera fe de los testimonios que de forma legalizada debían acreditar los méritos de la novia y sus antepasados hasta tres generaciones, los cuales no debían tener mezcla de  judíos, moros o conversos a la santa fe católica. A esto había que añadir la parte económica. Gertrudis, por pertenecer al estado llano, debía aportar una dote de 50.000 reales vellón, mientras que las nobles o hijas de hidalgo pagaban 20.000. Además debía acreditar que su padre y abuelos, hasta la tercera generación, eran hombres buenos, honrados y limpios de sangre y oficios, y hubiera quedado descartada de haber tenido algún antepasado artista o bien con oficio, empleo o profesión mecánica o popular. Esto último supuso un escollo a superar, porque su padre era sacristán, y algunos  consideraban mecánico este oficio. Todos estos requisitos dan una idea de los rancios usos de segregación existentes en la sociedad española de aquel tiempo.


La Real Licencia, no sin grandes dificultades, fue finalmente lograda, y el matrimonio se celebró el 23 de julio de 1802. Federico sería el quinto hijo del matrimonio, nacido en 1812, aunque se falseara más adelante la fecha a 1815, con intervención directa de Fernando VII. En 1857 nacería su hijo ilegítimo el príncipe Alfonso, al  que no llegaría a verle iniciar su reinado en 1874, porque Federico había sido asesinado en 1866.

Retrato de Federico Puig Romero en el museo de Artillería, con la fecha en que fue asesinado.

¿A quién le importa si el padre biológico se llamara Enrique Puigmoltó o Federico Puig Romero, el hasta ahora ignorado padre en la sombra de Alfonso XII? La existencia de validos es conocida a lo largo de la historia y a nadie escandaliza. De ahí que todavía hoy en día se tome esto a la ligera con diversos artículos publicados en la red, más o menos del mismo corte, con títulos sugerentes del estilo Cuando Puigmoltó inyectó sangre nueva en los Borbón, ¿Quién era el auténtico padre de Alfonso XII?, Los amores de Isabel II, el militar Enrique Puigmoltó y las dudas sobre la paternidad de Alfonso..., etc. Artículos que se quedan con la parte frívola basada en rumores, que sirvió en su momento para desviar la atención de los hechos graves que se quisieron mantener ocultos y saco a la luz en mi investigación, documentada y avalada por historiadores. Queda en el aire la razón por la que, teniendo la posibilidad de rectificar, o al menos  dejar a la vista la nueva información para que los lectores saquen sus propias conclusiones, estos medios prefieran quedarse con la leyenda. Quién sabe... Al fin y al cabo, estamos hablando de los antepasados de los actuales reyes. Y también de los míos…

sábado, 14 de diciembre de 2019

Proyecto de ley para beneficiar a los hermanos de Alfonso XII



La distinción que hizo la reina Isabel II con la familia del coronel de artillería Federico Puig Romero llegó hasta el punto de requerirse un proyecto de ley porque las concesiones que quiso hacer la soberana no entraban en el actual reglamento.  Federico Puig Romero había sido asesinado en el cuartel de San Gil de Madrid el 22 de junio de 1866. ¿En qué circunstancias? Aparentemente en la sublevación que se originó en su regimiento, o al menos, eso es lo que intentó difundir el gobierno. Otros oficiales más murieron ese día, pero además de ser el único considerado asesinato, también fue excepcional la reacción de la soberana, distinguiendo esta muerte del resto.

Firma de Amalia Romaguera en carta dirigida a Isabel II poco antes de solicitarse el proyecto de ley.

En La Gaceta no se publicó ninguna otra entrevista aparte de la mantenida entre los reyes y la familia rota del coronel Puig, que recibió todo tipo de atenciones y favores reales, manteniéndose silencio acerca de lo que habían vivido en su casa, cuando fue asaltado por sorpresa el cabeza de familia, antes de iniciarse la sublevación. Las características de este asesinato dejaban clara una conspiración, cuya autoría intelectual quedó sumida en el misterio. Era patente el empeño de cerrar el caso cuanto antes, pese a las contradicciones en cuanto al lugar donde fue hallado su cadáver. Se alimentaron las especulaciones de la prensa privada, sin desmentido alguno. Con tal confusión resultó mucho más sencillo falsear los datos de su expediente. ¿Por qué colaboraba Isabel II en esconder a toda costa este asesinato que fue cometido al margen de los planes revolucionarios? ¿Influía en ello que llegara a descubrirse que este asesinado era el auténtico padre del príncipe Alfonso, que hasta ahora se había hecho creer era el oficial Enrique Puigmoltó y Mayans?



Tachado de algunas concesiones extraordinarias en el apartado de Observaciones.

En la investigación que desarrollo en Voces desde el más allá de la historia se plantean estos interrogantes con datos documentados, que dan pie a la ficción novelada de Alfonso XII y la corona maldita, donde sí se resuelve el asesinato. Pero los hechos son reales, no es un triller inventado. Y en este puzzle, la reina Isabel II es una pieza fundamental. Hechos palpables que se dan a conocer en la investigación dan pie a mucho más. Y uno de los más notorios es que en su empeño de ascender la pensión a la viuda, Amalia Romaguera, llegara a querer darle el doble, saltándose los reglamentos, lo cual, para acatarla, requirió que se llevara al congreso de diputados esta proposición de ley. En los trámites puede comprobarse además cómo se quiere echar tierra al asesinato, así como de las ayudas bajo mano que ha hecho a la familia y cómo se intentan ocultar.


Así, puede leerse en el expediente del proyecto de ley que la reina consignaba de su propio bolsillo 600 escudos mensuales para ayuda a los estudios del hijo mayor, al que además se le concedía el empleo con sueldo de alférez. Al hermano menor, cuando alcanzara la edad necesaria, se le reservaba plaza de artillería. Estos datos, que constan en el expediente, se tachan en el trámite, como se ve en la imagen, porque no interesaba decirlos. Tampoco se responde a la pregunta de los diputados acerca de que se proporcione información sobre los precedentes de la sublevación y circunstancias de su asesinato: ‹‹respecto a las circunstancias que precedieron y siguieron a la sublevación del 5º regimiento de artillería a pie, nada consta que pueda perjudicar la buena reputación militar del coronel Puig...››

Y para asegurarse de ello, nunca llegó a incluirse el folio con información clave sobre el lugar donde fue hallado el cadáver de Federico Puig Romero. El folio se quedó en su expediente personal.

El folio que nunca se incluyó en el expediente de los acontecimientos del 22 de junio de 1866 (con el reverso).


Consecuencia de todo ello fue que se reclamara para el resto de familias de oficiales muertos una equiparación al no ser justificado en ningún caso el favoritismo que hacía la reina a la familia de Federico Puig Romero, al que le unían estrechos vínculos que debían permanecer en el más absoluto secreto. ¿Qué había detrás de todo ello? Los datos que se aportan en Voces desde el más allá de la historia quizá permitan a los historiadores revisar algunos episodios de nuestra historia que en estas investigaciones salen a la luz por primera vez.

Federico Puig Romero a los 53 y Alfonso XII sobre los 25.


viernes, 29 de noviembre de 2019

Firmas de Isabel II y Alfonso XII vinculadas a su paternidad secreta (2)



El documento de la imagen tiene la firma de Alfonso XII cesando al conde de Mirasol del cargo de su ayudante el 5 de febrero de 1877. Las alabanzas del rey hacia él son sinceras porque vuelve a nombrarle su ayudante con posterioridad. Pero en 1877 se produce un paréntesis para la brillante trayectoria del conde de Mirasol: son cinco meses críticos  en los que la labor del conde de Mirasol es decisiva junto a los hermanos Puig Romaguera, hijos de Federico Puig Romero, y por tanto, hermanos de Alfonso XII. Esto se cuenta en mi novela Alfonso XII y la corona maldita, pero la ficción es mínima. La novela se basa en los datos documentados en mi libro de investigación Voces desde el más allá de la historia.

El conde de Mirasol es un personaje clave por el papel que desempeñó junto al rey Alfonso XII. Después de haber sido su instructor militar se convirtió en su ayudante, acompañándolo en su regreso a España como rey después de ser proclamado Alfonso XII en diciembre de 1874. Tristemente, el destino del conde de Mirasol fue el de morir asesinado cuatro meses después   del nacimiento del rey póstumo, Alfonso XIII, regentado por su madre, la viuda de Alfonso XII, desde la muerte de este en noviembre de 1885.


Alfonso XII y su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo, que a la muerte de él regentaría al hijo póstumo Alfonso XIII.

El asesinato del conde de Mirasol se produce el 19 de septiembre de 1886, pero veinte años atrás había sido intentado asesinar en circunstancias muy similares, durante la revuelta iniciada en el cuartel de San Gil el 22 de junio de 1866 por el regimiento de artillería del que era jefe Federico Puig Romero, que no fue el único oficial de artillería muerto en  aquella infernal jornada. Sin embargo, las circunstancias en que se produjo su muerte entraron en la categoría de asesinato, sobre cuya investigación el estado recurrió a falsear datos y testimonios, corriéndose un tupido velo sobre la autoría intelectual de esta conspiración de que fue objeto el que mantenía hasta entonces oculta su paternidad sobre el príncipe Alfonso, heredero del reinado de Isabel II.
Isabel II de España.

El resto de oficiales de artillería que murieron el 22 de junio de 1866 fueron: 
Dentro del cuartel:
Comandante Joaquín Valcárcel y Velasco
Comandante Joaquín Cadaval y Calderón
Capitán Ricardo Torreblanca y Rodríguez
Teniente Juan Martorell y Fivaller.
Fuera del cuartel:
Coronel José Balanzat y Baranda
Comandante Emilio Escario y Fernández de Navarrete
Capitán José Fontes y Fernández de Córdova.


El conde de Mirasol, con pasado muy vinculado a Federico Puig Romero, ese día fue atacado en la plazuela de Santo Domingo junto al oficial Fontes, pero a diferencia de este, logró sobrevivir, contra todo lo probable, pese a la gravedad de las heridas que en principio parecieron mortales. 

Museo Específico de la Academia de Artillería de Segovia, donde está el retrato de Federico Puig Romero (el primero a la derecha) y los de algunos de los oficiales muertos el 22 de junio de 1866.

Como se descubre en mi libro de investigación, Voces desde el más allá de la historia, todos estos oficiales de artillería muertos el 22 de junio de 1866 tenían un pasado común con Federico Puig Romero vinculado a la paternidad del príncipe Alfonso. Y de ellos únicamente logró sobrevivir, milagrosamente, Luis Arístegui Doz, conde de Mirasol desde 1863, cuando falleció su padre, padrino de boda del primo de Federico casado con la nieta del ex valido Manuel Godoy. En 1868 el conde de Mirasol acompaña en su exilio a la familia real y forma parte de la vida del pequeño Alfonso como su instructor militar, convirtiéndose en su hombre de confianza y portador de los secretos del pasado que le vinculaban a Federico Puig Romero y su paternidad del entonces príncipe. 


Luis Arístegui y Doz, conde de Mirasol. De La Ilustración Española y Americana, Madrid, 30 de septiembre de 1886.
 
Tres generaciones de reyes, Fernando VII, Isabel II y Alfonso XII, quedan vinculados a las tres generaciones Puig, que se ven abocadas a esta nefasta proximidad a la dinastía Borbón. Resultado de ello: las oscuras muertes de los padres de Federico Puig Romero, en las que está involucrado Fernando VII tras dejar a esta familia rota por su encaprichamiento con la madre de Federico, y la de él mismo años después de que se repitiera la historia de su madre en él y la reina Isabel II. 

Y a estas muertes se une la del conde de Mirasol y la del brigadier Velarde, asesinados en 1886, habiendo coincidido en el mismo regimiento en 1866. Tanto el conde de Mirasol como el brigadier Velarde estaban vinculados  al pasado oculto, y sus asesinatos  quedaron igualmente sumidos en el misterio de su autoría, encubierta en la revuelta republicana del 19 de septiembre de 1886, que no tuvo apenas repercusión. La viuda de Alfonso XII, regente del pequeño Alfonso XIII, desempeñaría un papel crucial en el intento de borrar el pasado secreto de Alfonso XII. Toda esta documentación, aparece por primera vez en Voces desde el más allá de la historia, novelada en Alfonso XII y la corona maldita

Esta entrada es continuación de:
http://www.nievesmichavila.com/2019/11/firmas-de-isabel-ii-y-alfonso-xii.html




viernes, 15 de noviembre de 2019

Firmas de Isabel II y Alfonso XII vinculadas a su paternidad secreta (1)



A lo largo de los años que he investigado sobre la posibilidad de que mi tatarabuelo, el coronel de artillería Federico Puig Romero, fuera el verdadero padre del rey Alfonso XII, he ido reuniendo una cantidad ingente de documentos en diversos archivos. Dos de ellos contienen las firmas originales de la reina Isabel II y de su hijo, ya reinando como Alfonso XII. Ambos documentos tienen en común nombramientos reales a personajes que tuvieron mucho que ver con Federico Puig Romero y su asesinato, producido el 22 de junio de 1866 en circunstancias que tanto el gobierno de Isabel II como el de Alfonso XII intentaron ocultar al público.

El primero de estos documentos, firmado por Isabel II, está fechado en el año 1862, coincidiendo con el quinto cumpleaños de su hijo el príncipe Alfonso, y va dirigido al duque de Bailén para que haga efectivo este nombramiento.

‹‹Con motivo y en celebridad del cumpleaños de mi augusto y querido hijo el príncipe de Asturias vengo en nombrar Gentilhombre de Cámara con ejercicio a Don Francisco Parreño y Lobato, Brigadier de Estado Mayor dispensándole el pago de los derechos de media anata. Lo tendrás entendido y lo comunicarás a quien corresponda. Dado en Palacio a veintiocho de noviembre de mil ochocientos sesenta y dos››.

Isabel II.

¿Qué era un Gentilhombre de Cámara con ejercicio? Si la mayoría de cargos palatinos, asignados a la nobleza, eran prácticamente inútiles y sus titulares apenas si tenían que realizar alguna función concreta dentro de la corte, el de Gentilhombre de Cámara con ejercicio no requería ningún servicio, y era un cargo honorífico que concedía S.M. de forma muy especial como una muestra de  su real aprecio. Francisco Parreño se había ganado esta especial confianza de la reina Isabel II. ¿Qué había hecho para ello?

Francisco Parreño Lobato desempeñó un papel fundamental, no solo en la ocultación de las circunstancias de la concepción del príncipe Alfonso en 1857, sino en las del asesinato de Federico Puig Romero, en 1866. En ambas ocasiones su situación era privilegiada y plenamente vinculada al general Narváez. Los detalles completos se hallan en mi libro de investigación Voces desde el más allá de la historia, que daría pie a que dos años más tarde publicara la novela histórica basada en esta investigación, Alfonso XII y la corona maldita, premiada en 2018.

  
El general Ramón María Narváez, vinculado a Francisco Parreño Lobato.


Sobre quién es Francisco Parreño Lobato, en el Archivo General Militar lo hallé entre los militares encuadrados en la categoría de Célebres. ¿Qué le dio tanta celebridad? Fue mi primera pregunta. Se puede hallar en internet información sobre su trayectoria, a la que yo añado la personal, resultado de mis investigaciones particulares y totalmente documentadas.

Francisco Parreño tenía un hermano llamado Manuel, militar como él. Manuel contrajo matrimonio con la hermana de Federico Puig Romero llamada Gertrudis, cuyo nacimiento encerraba secretos compartidos por Federico e Isabel II, ambos hermanos de Gertrudis Puig Romero. Que de esta unión entre Federico y la reina Isabel II naciera el futuro Alfonso XII era sin duda algo muy grave y necesario de ocultar, que se presentaba a Francisco Parreño Lobato como una gran oportunidad de colaboración en la trama que se ideó para lanzar los rumores de la paternidad del entonces príncipe Alfonso sobre otro, que ha pasado a la historia como el padre biológico de Alfonso XII: Enrique Puigmoltó y Mayans.

Federico Puig Romero (izquierda) y el rey Alfonso XII.

Si esta labor de Francisco Parreño fue tan apreciada por la reina, no lo fue menos su papel decisivo en la ocultación de las auténticas circunstancias del asesinato del hermano de su cuñada. Como se demuestra en mi libro de investigación, y se cuenta en la novela, Francisco Parreño obtuvo de la reina condecoraciones y ascensos, llegando incluso a ser nombrado subsecretario de guerra, cargo que le permitió falsear en el expediente de Federico Puig Romero el modo en que había ocurrido su asesinato, como fruto de una conspiración al margen de la sublevación en que se pretendió hacer creer se había producido. El cese de Francisco Parreño en la política coincidió con la marcha de Isabel II al exilio, retornando de nuevo a los altos cargos en el reinado de Alfonso XII, coincidiendo con la venida a España de la ex reina, cuando los consejos de Francisco Parreño fueron tan bien valorados como para concedérsele el cargo de consejero de estado hasta la enfermedad que le llevó a la su muerte, en 1882.

Para entonces quedaba poco de vida a Alfonso XII, víctima de la tuberculosis que se decía sufría el padre que le achacaba la rumorología desde el mismo entorno de la reina, Puigmoltó. Dicho personaje jamás padeció esta enfermedad, que sin embargo sí  padecieron los hermanos de Federico Puig Romero y gran parte de sus nietos. 

El 25 de noviembre de 1885 fallecía Alfonso, dejando de regente a su viuda, María Cristina, embarazada de no se sabía si un niño, como efectivamente lo fue. Pocos meses después de nacer el que sería Alfonso XIII, se produciría el asesinato del conde de Mirasol, el personaje a que hace referencia el otro documento citado al principio, con la firma de Alfonso XII y al que le dedicaré otra entrada de este blog. 


jueves, 31 de octubre de 2019

Defunción falsa del abuelo de Alfonso XII



Actual Plaza de San Francisco de Asis (Pamplona).

Pamplona, 1 de noviembre de 1815. La antigua iglesia del convento de Francisco de Asís acogía el cadáver del coronel de Infantería Vicente Puig Formenti, el desconocido abuelo paterno de Alfonso XII. El abuelo paterno oficial de Alfonso XII es el infante Francisco de Paula, hermano del rey Fernando VII. Esto siempre y cuando la reina Isabel II, heredera de Fernando VII, hubiera procreado este hijo con el rey consorte, Francisco de Asís. Pero parece ser que ni este hijo ni ninguno de los dados a luz por la reina Isabel II tenía demasiadas probabilidades de ser legítimo, al menos por la rama paterna, dadas las preferencias sexuales del rey consorte y la gran capacidad amatoria de Isabel II, que cumplía a la perfección con sus deberes de dar a luz vástagos reales, recurriendo si era preciso a la ayuda externa de cuantos colaboraron en la tarea de forjar estos herederos de la corona que su esposo Francisco de Asís difícilmente podría engendrar.


De todos estos vástagos, de quien más se habló fue  del príncipe Alfonso, que más adelante reinaría como Alfonso XII. Se rumoreó hasta la saciedad que el candidato a esta paternidad (en cada alumbramiento se especulaba sobre la identidad del donante genético) era un oficial de Ingenieros llamado Enrique Puigmoltó y Mayans (el nombre correcto no se decía entonces, porque solo se manejaban rumores). Se ocultaba así la identidad de quien se vio obligado a cumplimentar a la reina en su fogosidad, dando como resultado aquel embarazo del príncipe Alfonso. ¿Por qué ocultar esta identidad recurriendo a otro que generara un escándalo tan grande que desviara totalmente la atención de Federico Puig Romero?

Federico Puig Romero y Alfonso XII.
                   

El padre de Federico era Vicente Puig Formenti, y la falsificación de la defunción de Vicente coincide  con que su esposa Gertrudis quedara embarazada de Fernando VII. Vicente sobraba en los planes de Fernando. Todo esto constituye el entramado de mi novela ganadora del Premio Hispania de Novela Histórica, Alfonso XII y la corona maldita. Pero aunque hablemos de una novela, los hechos que la sustentan distan muy poco de la realidad, que puede hallarse en la investigación en que se basa, publicada en mi libro Voces desde el más allá de la historia.

Tres generaciones de la rama Borbón quedan vinculadas por lazos de vida y muerte a tres generaciones Puig. De la rama Borbón: en la primera, Fernando VII con Gertrudis Romero (viuda de Vicente Puig Formenti); en la segunda, Isabel II con Federico Puig Romero y, por último, en la tercera, Alfonso XII con los hermanos Federico y Enrique Puig Romaguera (sus hermanos de padre).


Fernando VII.


Todo comienza en la primera generación, cuando Gertrudis Romero es arrastrada involuntariamente a la vida de Fernando VII, repitiéndose la historia bíblica de Betsabé, elegida por el rey David como su amante a pesar de estar casada, para lo cual, dicho rey David se aseguró de la muerte de su esposo, Urías. La realidad vivida por Gertrudis y su familia supera la ficción.

Defunción original de Vicente Puig Formenti.

      
Defunción falsa de Vicente Puig Formenti incluida en el expediente de viudedad.

Tal día como mañana, en 1815,  se producía la muerte de Vicente Puig Formenti, cuya defunción fue necesario falsificar dejando el camino libre a Fernando VII para llevar a Gertrudis a palacio, despojándola de su dignidad y disponiendo de ella a su antojo hasta que se cansa y le da un final trágico. Todo lo que ocurre después lleva a esa segunda generación de cuyo entrecruce surge Alfonso XII. 

Las consecuencias llegarían más tarde cuando se produce el asesinato de Federico Puig Romero y la necesidad del estado de encubrir sus circunstancias. Ya no era tan sencillo tapar un crimen como en el absolutismo de Fernando VII, y este asesinato sin resolver de Federico da bastantes quebraderos de cabeza a cuantos requirieron que quedara zanjado. Tal vez lo consiguieron durante mucho tiempo, pero los hechos no pueden ocultarse siempre, menos aún cuando se comienza a escarbar. Y ese ha sido mi trabajo a lo largo de años. La historia merece ser conocida y contrastada. Y que los lectores juzguen.



miércoles, 16 de octubre de 2019

El proyecto de bibliotecas militares en España del catalán Antonio Puig Luca





Tal día como ayer, en 1843, el gobierno provisional publicaba el decreto de establecimiento de bibliotecas militares en España. Cinco días antes había cumplido trece años la heredera al trono, que al poco tiempo fue declarada mayor de edad y proclamada reina Isabel II. Su madre, María Cristina de Borbón Dos Sicilias, no estaba para verlo, porque en 1840 había partido al exilio, tras seis años de regencia. Fue en este lapso cuando le fue presentado por primera vez el proyecto de establecimiento de bibliotecas militares por el autor original de la idea, Antonio Puig Luca, militar catalán perteneciente al Servicio Científico de la Guerra y por entonces gobernador de la Ciudadela de Barcelona.

María Cristina de Borbón Dos Sicilias.

El 25 de diciembre de 1836 Antonio Puig Luca remite a su superior una memoria con su proyecto, que es trasladada a María Cristina, la cual responde el 13 de enero de 1837 prometiendo ponerlo en práctica y agradeciendo a Antonio Puig y Luca su celo y patriotismo. La Real Orden que lo expresa viene a reconocer la autoría y literalmente dice así:

‹‹De todo se ha enterado S.M. con sumo agrado y lisonjeándose de que el aumento de la riqueza pública y el anhelo universal de la instrucción no tardarán en producir naturalmente en nuestro país ese género de establecimiento que como otras muchas instituciones de la mayor importancia solo pueden existir con crédito y utilidad a favor de aquellas circunstancias; se ha dignado resolver que entretanto llega ese caso dé V.E. las gracias al expresado coronel por su ilustrado celo y patriotismo. De Real Orden lo digo a V.E. para su inteligencia y cumplimiento. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid 13 de enero de 1837››.


La promesa tarda siete años en cumplirse, ya sin María Cristina. En el decreto de 15 de octubre de 1843 firmado por el general Serrano se da a conocer públicamente el proyecto de Antonio Puig Luca pero sin reconocimiento ni mención alguna de su autoría. Un año después, el 27 de septiembre de 1844, otro decreto, esta vez firmado por Isabel II, anula el anterior. 

‹‹No habiendo sido posible hasta ahora llevar a efecto el decreto del 15 de octubre del año anterior… y convencida de las dificultades que se presentan para la realización de aquel pensamiento, siendo la más invencible la falta de fondos para la compra de las obras necesarias, vengo en decretar lo siguiente: Artículo 1º “queda sin efecto el decreto de 15 de octubre de 1843››. 


Cabe preguntarse si en ello influyeron las reclamaciones de Antonio Puig Luca, al que en agosto de 1844 se le deja excedente siendo todavía teniente de rey de la Ciudadela. En septiembre reitera su petición de ascenso, acompañada de un informe del capitán general de Cataluña, pero todo es inútil. 

Según su biógrafo, Julio de Ramón Laca, autor del libro Antonio Puig y Luca, un eximio patricio inédito (estudio biográfico, histórico y penológico crítico), el trato recibido por Antonio Puig fue mezquino e injusto hasta el punto de deteriorar su salud  y expirar el 15 de abril de 1848.



Remito a esta biografía para conocer a fondo la personalidad que Ramón Laca intenta rescatar del olvido, destacando esta personalidad polifacética sobresaliente en el campo militar y penológico, con ideas avanzadas para su tiempo, desarrollando continuamente ideas en el campo literario, periodístico, para la Real Academia de Historia y en multitud de proyectos urbanísticos para implementar mejoras en su querida Barcelona. Una visión detallada y muy personal sobre su vida la proporciona su amigo y albacea Antonio Búxeres, autor del Elogio al difunto coronel Don Antonio Puig y Luca, leído en sesión pública de la Academia de Buenas Letras el 27 de mayo de 1849 en homenaje a este socio ejemplar después de cumplirse un año de su muerte.


Respecto a su faceta menos conocida y oculta, Antonio Puig Luca era primo hermano de Vicente Puig Formenti, mi antepasado, ambos de estirpe barcelonesa y militares de los Reales Ejércitos, a los que servía Vicente Puig Formenti en el Regimiento de Voluntarios de Barcelona cuando se casó en 1802. De este matrimonio nacerían siete hijos, de los cuales  Antonio Puig Luca llegó a convertirse en tutor después de las penalidades que hubo de sufrir esta familia a la vera de Fernando VII. Uno de ellos, mi tatarabuelo, Federico Puig Romero, mantuvo estrecha relación con su tío Antonio, el cual no llegó a ver el dramático final de Federico, ni a conocer la relación a que se vio abocado con Isabel II, resultando de ello el futuro rey Alfonso XII. Pero eso es otra historia que doy a conocer en las investigaciones de mi libro Voces desde el más allá de la historia (Incipit, 2015), novelado en Alfonso XII y la corona maldita (Altera, 2018).