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jueves, 15 de abril de 2021

La cuna de Alfonso XII


Hace un tiempo, en una feria de libro donde firmaba  Voces desde el más allá de la historia,  se acercó a mi caseta un personaje bastante conocido que había publicado algún que otro artículo sobre Alfonso XII en un diario valenciano. Venía por otros libros pero le llamó la atención el mío y le expliqué la investigación de que trataba, basada en el asesinato del verdadero padre de Alfonso XII, mi tatarabuelo Federico Puig Romero. Me miró incrédulo e intrigado pues no le parecía posible otro padre biológico que no fuera Enrique Puigmoltó y Mayans. Se lo llevó con mi dedicatoria, sin pagar, pidiendo mi teléfono para informarme pues se extrañaba de que algo tan novedoso como esto no se le hubiera hecho llegar. Ni qué decir que nunca me llamó ni mucho menos publicó una reseña en el conocido diario valenciano en que colaboraba. Pero arrieros somos…

Un año después volvimos a encontrarnos en el mismo escenario, y creo que se hubiera escabullido si no lo saludo. Entonces me dio su opinión del libro, que le había impresionado y convencido de esa otra hipótesis sobre la paternidad de Alfonso XII. Le había sembrado fundadas dudas sobre lo que daba por hecho, al igual que una mayoría de autores que se han limitado a hacerse eco de la leyenda que se propagó desde el entorno de la reina Isabel II para achacar la paternidad de su hijo el príncipe Alfonso a un oficial de ingenieros. De hecho, cuando en nuestra primera entrevista le planteé esta nueva paternidad de Alfonso XII hasta entonces ignorada, me preguntó dos cosas. Una, si no contactaba con la familia real. A eso respondí que no tengo ningún interés, ni mucho menos me complace que tengamos este vínculo genealógico. Se extrañó de oír eso, y por otro lado, su máxima argumentación para seguir apoyando la candidatura de Puigmoltó fue: 

¿Y entonces, cómo se explica lo de la cuna?

Me hizo sonreír con esta pregunta. La primera referencia que tuve de esa cuna fue en un gran libro que inspiró  mis investigaciones, La otra vida de Alfonso XII, de Ricardo de la Cierva, un historiador monárquico que cuenta con mi admiración por la rigurosidad de su trabajo. Falleció poco antes de que yo publicara mi libro y estoy convencida de que si hubiera tenido oportunidad de leerlo habría estado abierto a esas nuevas posibilidades que plantea mi investigación. Su impecable biografía de Alfonso XII está basada en búsquedas en archivos y cuando menciona lo de la cuna lo deja caer como algo anecdótico que se decía por ahí, sin darle más credibilidad o fundamento que lo que se puede dar a un rumor. 

La anécdota de la cuna que se cuenta es que la reina Isabel II regaló a la familia de Puigmoltó la cuna de su hijo, con una figura haciendo seña de guardar silencio. Lo primero que pensé es ¿para qué le regala la cuna de su hijo? No es algo de lo que quiera desprenderse una madre. Y respecto a la seña de silencio, la advertencia llegaba un poco tarde, puesto que de este oficial se dice que cometió muchas indiscreciones hablando por todos lados de su idilio con la reina. Ya nada había que acallar porque los rumores se habían expandido con la mayor efectividad, llegando a oídos del confesor de la reina, tal como convenía. De haberse sabido que la verdadera identidad del padre de Alfonso correspondía a Federico Puig Romero y llegara a descubrirse el pasado secreto que vinculaba a sus padres con Fernando VII, la corona de Isabel II hubiera podido ser arrebatada por los carlistas que hubieran aprovechado esa información que convenía ocultar a toda  costa. 

El estrecho vínculo a través de lazos de familia entre Enrique Puigmoltó (padre de Alfonso divulgado) y Federico Puig Romero (padre de Alfonso encubierto) supuso la oportunidad de desviar la atención de lo que interesaba ocultar. El regalo de la cuna probablemente fue cierto, y la pedida tácita de silencio también. Solo que el pacto de silencio no era por la paternidad del príncipe correspondiente a Puigmoltó, pues había sido divulgada hasta la saciedad, no solo por el mismo oficial de ingenieros, sino por el mismo entorno de la reina. El silencio era sobre lo que esta cortina de humo permitía mantener en secreto. 

En cualquier caso, la anécdota de la cuna se basa en un rumor, como lo fue que Puigmoltó era tísico, algo que cae por su peso, siendo sin embargo esta enfermedad propia de la familia de Federico. Lo que no cuenta ninguno de los autores que se limitan a reproducir la leyenda Puigmoltó es que Madrazo,  pintor de cámara de la reina Isabel II, tenía en su agenda de bolsillo de 1858 las anotaciones de dos retratos: el de Enrique Puigmoltó y Mayans y el de su hermano Rafael, compañero de Federico fallecido años atrás. Quizá estos retratos fueron también un pago a su silencio, bien por parte de la reina o bien por el mismo Federico. Lo más curioso es que no se haya conocido hasta el día de hoy ni una sola imagen de Enrique Puigmoltó, a pesar de que fue un personaje relevante e incluso llegó a ser diputado.  


Federico Puig Romero y Alfonso XII.

Retomando lo de la cuna, el mito pareció hacerse realidad cuando  salió a subasta una cuna de las características de la anécdota en septiembre de 2018, coincidiendo con la puesta en venta de mi novela Alfonso XII y la corona maldita, que a comienzos de año había resultado ganadora del Premio Hispania de Novela Histórica y está basada en las investigaciones de Voces desde el más allá de la historia. El valor estimado de esta pieza según la agencia que la subastaba es de 30.000 a 40.000 euros. Me surge de inmediato una pregunta: ¿Tan necesitados están los descendientes de Enrique Puigmoltó  para vender este regalo de la reina Isabel II? ¿Por qué no vender mejor el retrato de Madrazo? Eso sí sería una verdadera pieza de colección que valdría mucho en el mercado del coleccionismo. Aunque tal vez estropearía la leyenda el nulo parecido físico entre Puigmoltó y Alfonso que sin embargo es notorio entre Alfonso XII y Federico Puig Romero, con cuyos hijos legítimos guarda mucho menos parecido. El mayor de ellos, Federico Puig Romaguera, guarda sin embargo parecido con su supuesto sobrino, Alfonso XIII.


La leyenda ya no es inamovible porque hay un nuevo candidato, como lo publicó Levante en la primera presentación de mi libro, del cual extraigo el primer párrafo:

«En los anales españoles, el rey Francisco de Asís de Borbón -consorte de Isabel II- figura oficialmente como padre de Alfonso XII. No obstante, algunos historiadores cuentan que el «verdadero» progenitor del apodado «Pacificador» -el rey Alfonso-, hijo de Isabel, la reina «de los Tristes Destinos», fue un capitán de Ingenieros llamado Enrique Puigmoltó. No parece, la de la paternidad, una cuestión zanjada de manera definitiva. De hecho, acaba de aparecer el nombre de otro presunto padre para Alfonso XII».


Federico Puig Romaguera y su supuesto sobrino Alfonso XIII.


A la espera de una prueba genética que disipe las dudas sobre la identidad del ascendiente del actual monarca español, la supuesta cuna subastada no aporta nada que no sea el empeño en querer seguir alimentando la leyenda Puigmoltó, que al día de hoy, y sin mayores pruebas, no pasa de ser eso.





sábado, 20 de marzo de 2021

Los papeles reservados de Fernando VII


Habían permanecido ocultos en el despacho del rey Fernando VII durante casi diez años después de su muerte. En 1842, ya fuera de España su viuda, la ex regente María Cristina, se descubrieron en una de las estanterías de la biblioteca particular del difunto rey. Allí había nada menos que 108 volúmenes Contenían anotaciones del mismo Fernando VII, lo que permitió esclarecer la autoría de esta agrupación, o más bien escondrijo de papeles que pertenecían a diversos archivos y se había apropiado Fernando para sus intereses particulares.

Hasta la llegada de la primera república no se logró el traslado de estos volúmenes al palacio del congreso de diputados, el 3 de abril de 1873. Y allí permanecieron estos volúmenes hasta la vuelta de la monarquía con Alfonso XII en 1875. Se decidió entonces regresar a la Casa Real 64 volúmenes, dejando en el archivo del congreso de diputados los restantes, por ser de contenido parlamentario. 



El alcance y descripción de los tomos que componen esta documentación viene excelentemente descrito en un trabajo de Miguel Rodríguez Castillo(1). En ellos queda claro qué preocupaba a Fernando VII y el régimen de terror que imponía a base de persecuciones a quienes considerara un peligro para su absolutismo. Estos papeles están llenos de listas de personajes que perseguía por diversos motivos, o a veces ninguno. En este grupo variopinto se encuentran liberales, adeptos a Bonaparte, masones y un largo etcétera. Al parecer Fernando llevaba un completo seguimiento de quienes fueran blanco de su real cólera, al más puro estilo de la Gestapo. 

Peor suerte tuvieron mis antepasados, que sin incluirse en ninguna de estas listas,  tuvieron la desgracia de cruzarse en el camino de este monarca que decidió hacer suya a mi antepasada Gertrudis y quitar de en medio a quien hiciera falta para lograr su objetivo, lo que derivó en la muerte  prematura de su esposo Vicente Puig, un militar que lo había dado todo por reponer a Fernando en el trono.  Poco imaginaba lo que le esperaba a su esposa e hijos, que quedarían en manos del absoluto en una tenebrosa historia que termina trágicamente en estrechos lazos de vida y muerte a través de tres generaciones y un hijo ilegítimo de mi antepasado: Alfonso XII.

La investigación detallada se halla en mi libro Voces desde el más allá de la historia, Incipit, 2015. Basada en este libro en 2018 fue publicada por Ediciones Altera mi novela ganadora del premio Hispania de Novela Histórica Alfonso XII y la corona maldita.


(1)Enlace al trabajo de Miguel Rodríguez Castillo

miércoles, 3 de marzo de 2021

Finalistas de los premios de la Crítica Valenciana 2021




Ya es oficial la lista de candidatos a la XL edición de los Premios de la Crítica Valenciana otorgados anualmente por asociación CLAVE (Asociación de Críticos Literarios y Escritores Valencianos). A pesar de las grandes dificultades por la actual crisis del COVID-19, nuestra asociación sigue adelante en este evento que goza de un reconocido prestigio desde su creación en 1979, concediendo galardones a las obras más votadas que han sido publicadas por autores valencianos o residentes en Valencia a lo largo del año anterior en las categorías de Narrativa, Ensayo y Crítica, Poesía y Literatura Dramática. Aún pendiente el acto de entrega de los ganadores del año 2020, que se iba a celebrar el 23 de enero pasado, la rueda se ha puesto en marcha para que el fallo del jurado se emita el próximo 22 de mayo.

Esperamos que los actos de entrega de ambas ediciones se realicen con el merecido lucimiento para los galardonados.

Desde aquí, y en nombre de la sección de Novela Histórica que represento en la junta directiva de CLAVE, envío mi enhorabuena a los principales responsables de que este proyecto salga adelante a pesar de los inconvenientes: el presidente de la organización de los premios, José Vicente Peiró, y la secretaria Elia Saneleuterio. Su trabajo y entrega son dignos de mención y reconocimiento.

Con algunos asociados de CLAVE.

Podéis leer la noticia completa en el enlace oficial de CLAVE:


Felicidades a todos los candidatos y mucha suerte. Comienza la cuenta atrás.

lunes, 8 de febrero de 2021

Impresiones sobre Alfonso XII y la corona maldita



Comparto la reseña publicada en Babelio hace cuatro días sobre mi novela Alfonso XII y la corona maldita, basada en las investigaciones contenidas en mi libro Voces desde el más allá de la historia. Así opina floresandbooks:


La trama del libro nos sitúa entre los siglos XVIII y XX, justo algunas etapas de la Historia de España como en el reinado de Fernando VII, Isabel II o Alfonso XII. No solo nos cuenta los puntos negros de estos gobiernos, también se centra en una familia que por culpa de estos personajes sufren demasiado, los Puig Romero. Esta familia tiene que soportar todos los caprichos de estos monarcas.

En esta familia nos centramos básicamente en dos grandes personajes, que están tan bien definidos que ha hecho que me meta en su piel sin esperarlo. He sufrido, llorado y enfadado con ellos con cada injusticia, estas personas son: Gertrudis Romero y Federico Puig Romero, hijo de Gertrudis y Vicente. Para comprender bien la historia, Nieves, la escritora, nos sumerge en diferentes etapas y para ello divide el libro en tres partes en los que observamos todos los trágicos acontecimientos que sufren los protagonistas.


En la primera parte, se centra en el reinado de Fernando VII y su maldad. Por orden de su encaprichamiento, manda matar a Vicente Puig, para así tener a Gertrudis, la esposa de este a su merced. Gertrudis debe aceptar todo lo que le dice el monarca porque, ¿quién le decía que no al déspota y más siendo una mujer? Ella aguantó todo eso y mucho más para darle una vida mejor a sus hijos, por suerte su sacrificio no fue en vano. Aunque de la relación extramatrimonial surgieron tres hijos, de los cuales uno de ellos Fernando es su padrino.

Fernando VII.

En la segunda parte, se centra en la figura de Federico Puig Romero, hijo de Vicente y Gertrudis. Termina la carrera militar como su padre, es un gran militar y está casado con Amalia Romaguera. Por desgracia, el destino vuelve a jugarle una muy mala jugada.
La trastada del destino fue que por desgracia, sufriera lo mismo que sufrió su madre con Fernando VII pero, esta vez, con su hija, Isabel II. Esta se encaprichó de él y otra vez se repite la misma pregunta: ¿quién le dice que no a la reina y más siendo un súbdito?

De esa relación salió otro hijo extramatrimonial, este mucho más importante que los hermanos que compartía Federico con Isabel II. de este amor surgió el que un día será rey, Alfonso XII. Este hijo fue el final de nuestro protagonista pues en la matanza de San Gil de 1866, es asesinado por orden de los que querían ocultar a toda costa que Federico era el padre biológico de Alfonso XII.

Isabel II.

En la tercera parte, es de las que, bajo mi punto de vista son las que más intrigas tienen debido que aquí intenta descubrirse el verdadero asesino de Federico Puig Romero. En esta parte, para averiguar este acertijo, los tres hijos de Federico, Federico Puig Romaguera, Enrique y Alfonso XII, (sí aquí, Alfonso sabe quién es su verdadero padre y quiere conocer a sus dos hermanos de sangre), se unen para intentar hacer justicia. Por desgracia, esta nunca llega y cuando por fin pueden hacerlo, no pueden hacerlo porque dañaría la Corona y Alfonso no puede dañar al Estado.
Aunque ellos no pueden hacer justicia, Nieves, nos relata quién mató a Federico Puig Romero y el motivo. Fueron personajes próximos a la soberana, que solo buscaban el poder y para obtener sus beneficios, estas personas tenían que quitar a Federico mintiendo a la reina para que ella ejecutara el crimen.



Federico Puig Romero y Alfonso XII.

Durante toda la trama no se sabe quién lo mató y eso es algo que deja bien claro que nunca se sabrá con certeza, debido a que cada periódico puso lo que creía conveniente y ninguno era fiable. Por eso nunca se pudo ni se ha podido hacer justicia ni al crimen de la matanza de San Gil ni a ningún otro que hiciera cualquier monarca.

El libro me ha fascinado tanto en la prosa como en lo ameno. Es muy fácil de leer y te mantiene intrigada todo el tiempo. Yo he tardado muchísimo porque a mí que me encanta la historia, cada personaje o acontecimiento que salía me informaba para ponerme un poquito en situación y saber un poco más acerca de lo relatado en el libro.


Me gustó mucho que Nieves nos introdujera entre esas páginas, gracias a que hace que su abuelita le está contando esta historia como si fuera un cuento a la niña como si fuera un cuento o una novela.


En esta novela refleja muy bien el dicho de "El que no aprende bien su historia, está condenado a repetirla". Otra cosa que se refleja muy bien es que; la justicia no está de parte de las personas humildes, honradas y trabajadoras, que siempre irá de lado del más fuerte y de quién más beneficios obtenga.

Lo Mejor: Saber más de la historia de España, la forma en que nos cuenta la trama, los personajes, la ambientación. La realidad de lo que realmente pasó en algunos aspectos durante los S. XVIII y S.XX con la Dinastía Borbón de esa época. Nos cuenta cosas que no están en los libros de texto de historia y, eso es lo que más me gusta.

Lo Peor: Tanta pérdida, la angustia de saber que el destino nos pone los obstáculos más difíciles, ver que se puede repetir la historia sin que tú lo hayas elegido. La injusticia y que la familia Puig Romero no tenga su justicia aun en el siglo XXI.

                   

     
     Diploma del Premio Hispania de Novela Histórica que obtuve por
Alfonso XII y la corona maldita.

Muchas gracias a floresandbookss y a todos los lectores que habéis hecho que merezca la pena intentar dar lo mejor de mí y siga esforzándome en el marco de la novela histórica en el que actualmente me hallo inmersa sin perder la ilusión de que pronto pueda ofrecer la nueva historia en la que estoy trabajando.

miércoles, 13 de enero de 2021

Memorias de un cortesano de 1815




Cuando me enteré en mi primera visita al archivo militar de que la madre de mi tatarabuelo Federico Puig Romero había sido azafata de la reina Isabel de Braganza imaginaba que tendría un linaje elevado como lo exigían tales cargos de servidumbre real. A la vuelta del segundo viaje a Segovia tres meses después descubrí que las cosas no eran como parecían. En los expedientes matrimoniales de las hermanas de Federico Puig Romero hallé, entre otros documentos, las partidas de bautismo de ambas. No me encajaba el dato del bautismo de Gertrudis Puig Romero (hermana de Federico y a su vez de Isabel II), en que a su madre se la cita como azafata de la reina tres meses antes de que Isabel de Braganza fuera reina. Era lo que se dice una azafata de reina sin reina.

Consciente de que el origen de Gertrudis Romero era bastante alejado de la nobleza, según consta en su informe de limpieza de sangre, y dado lo que le costó a Vicente Puig sacar adelante este matrimonio buscando subterfugios legales y probablemente a costa de distanciarse de sus padres, suponía, por eliminación, que Vicente Puig debió de morir en algo importante y de ahí el nombramiento de su viuda. Se imponía otra visita a la biblioteca militar para profundizar en el año 1815, y di con el episodio nacional de Benito Pérez Galdós titulado Memorias de un cortesano de 1815. Encontré algunos detalles familiares, como el ingreso de un muchacho en la academia por ser su madre dama de la reina. Me recordó a mi tatarabuelo, cuando pedía dispensa de los papeles de nobleza de su madre, azafata de la reina.


En este episodio Pérez Galdós inserta un nuevo personaje que parece nacido de la vieja picaresca española: Juan Bragas o Don Juan de Pipaón. Al comienzo se presenta el mismo protagonista: empiezo a narrar la serie de trabajos, servicios, proezas y afanes, mediante los cuales pasé en poco tiempo, desde el más oscuro antro de las regias covachuelas, a calentar un sillón en el Real Consejo y Cámara de Castilla. Qué actividad catapultó a Juan Bragas, o Pipaón, queda claro cuando explica sus jornadas de entrenamiento en la falsificación: (...)cuántas cuchufletas y bufonadas entretuvieron las nocturnas horas en que a solas nos dedicábamos a inventar cartas, a remedar tipos de letra, a confeccionar programas y comunicaciones en cifra(...) Al advenimiento de El Deseado, Pipaón explica la redada contra los mamones, o mejor decir, quienes ilusamente pretendían que el rey jurara la constitución. Era el inicio del despotismo y el terror. Y en esta etapa en que Pipaón hace su agosto como esbirro del rey, cuenta lo arduo de sus trabajos apresando a todo aquel que defendiera la libertad: A medida que iban cayendo los llevábamos a la cárcel de la Corona y al cuartel de Guardias de Corps o San Martín, donde quedaban encerrados. No se les dejó papel que no se guardase para dar luz sobre los procesos que se les iban a formar, porque habría sido en verdad lastimoso que las execrables picardías de tanto malsín no tuviesen comprobación cumplida en los autos, para que a nadie quedase duda de sus maldades. Pues digo... si no se hubiera tenido mucho cuidado de cogerles los papeles, la justicia habría tenido que romperse los cascos para inventarlos después, lo cual es tarea larga y que da mucha fatiga y quita mucho tiempo a los señores de la comisión de Estado. Cuando se quería formar una causa, daba igual que existieran pruebas o no, salvo por la incomodidad de tener que inventarlas. El sector principal objeto de persecución eran los liberales, gaceteros, discursistas, preopinantes, soberanistas, republicanos, volterianos, masones... Es decir, cualquiera que se opusiera al absolutismo.

Pipaón revela sus secretos profesionales en las estrategias a seguir: era preciso ir repartiendo dinero por los barrios bajos y convocar a determinados individuos(...); ir de taberna en taberna y de garito en garito, contratando gente; avistarse con el tío Mano de Mortero, con Majoma y otros próceres del Rastro, para encomendarles delicadas comisiones(...); avisar a los padres franciscanos y agustinos que estaban ocultos para que saliesen a arengar la muchedumbre; hacer correr noticias falsas de conspiraciones fraguadas por los revolucionarios(...) Cuenta Pipaón el triste papel de los ministros, impedidos para gobernar pues todo lo disponía a su gusto el equipo asesor del rey, una panda de arribistas de dudosa calaña: Paquito Córdova, duque de Alagón, Chamorro y Ugarte.

Defunción auténtica de Vicente Puig.



Eran estos individuos quienes regían los destinos de España, colocando gente a su gusto en los altos cargos de estado, buscando para ello primero la forma de desterrar a los que dejarían libre la vacante deseada. ¿Y cómo veían Pipaón y sus secuaces la figura del militar de entonces? Eran aquellos que por un sueldo mezquino peleaban y morían por la patria. Militar era el personaje que describo, y bien lo probaba su noble pecho lleno de cuanto Dios crió en materia de cruces, cintas y galones... Y no se hable de improvisaciones y ascensos de golpe y porrazo; que hasta los nueve años no tuvo mi niño su real despacho merced a los méritos contraídos por su madre como dama de honor(...) Cuando leía esto aún no había descubierto el expediente de azafata de la reina que de Gertrudis Romero se conserva en el archivo del Palacio Real. En la parte final de su solicitud de este cargo, firmada por ella el 15 de marzo de 1816 dice así:

A.V.M. rendidamente suplica que penetrado de la crítica situación en que se halla por el embarazo y siete hijos que la rodean, se digne honrarla colocándola entre las de su servidumbre, bien de Señora de honor, Azafata o lo que V.M. tenga a bien; porque de este modo pudiendo atender a la manutención y educación de sus hijos, sean los cuatro varones fieles imitadores de su padre, y la exponente acreditar con su celo sacrifica con gusto lo mejor de su vida en servicio de V.M.

Defunción falsa de Vicente Puig.


Entonces ella se hallaba embarazada de unos seis meses, y con el real despacho de su difunto marido, Vicente Puig, desde 5 de enero de 1816. Cuando leía esta obra de Pérez Galdós que tan acertadamente recrea los comienzos del reinado de Fernando VII y concretamente el año 1815 que titula el episodio nacional, sabía que Vicente Puig había fallecido entre 24 de octubre de 1815 y 5 de enero de 1816. Por esta época se crea el ministerio de seguridad pública. Quien dirigía este ministerio era Pedro Agustín Echavarri, que se encargaba de encarcelar a todo aquel contrario al régimen, es decir, todo aquel que se expresara libremente o fuera blanco de las intrigas de la cuadrilla real. Cualquiera en potencia era un revolucionario.

Este contexto coincide con las versiones de historiadores como Lafuente, que resume esta época de terror y absolutismo tanto para los contrarios al monarca como para sus aliados.

Me iba haciendo una idea del entorno en que halló la muerte Vicente Puig, y más que eso, la muerte de su memoria, puesto que se borró todo rastro de su vida, de su trayectoria. Todos sus méritos y luchas por restituir la corona a Fernando VII le fueron pagadas con su muerte anticipada y silenciosa que no le permitió saberse cornudo por el rey que había dejado embarazada a su prematuramente viuda Gertrudis. La investigación me llevaría a mucho más, cuando descubriría que Gertrudis se había visto obligada a dar hijos a Fernando VII sin intuir que su hijo Federico se vería en idéntica situación con la heredera de Fernando, Isabel II. Generaciones segurían ligadas por pasado secreto que se desvela en mi libro Voces desde el más allá de la historia, novelado en Alfonso XII y la corona maldita.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Las falsificaciones de Fernando VII





Si preguntamos por reyes falsos y traicioneros, a la mente de todos viene Fernando VII, el rey que se ganó a pulso el mote de Rey Felón. Ya he aludido a sus traiciones en mi entrada Las traiciones de Fernando VII, quedándome corta. Sobre eso se ha escrito largo y tendido. Pero yo añado datos concretos de mis investigaciones que han sido publicadas por primera vez en mi libo Voces desde el más allá de la historia y ahondan en la vida personal del monarca que pasó de ser el Deseado a la pesadilla de todos. Por desgracia, a mi antepasada Gertrudis le tocó la china cuando se fijó en ella y la tomó como su pertenencia, quitando de en medio a su esposo, el militar Vicente Puig, cuyos años de denodada lucha contra los invasores para devolver la corona a Fernando no le valieron de gran cosa más que para convertirse en cornudo real y, para más escarnio, dar su apellido a la niña que trajo al mundo Gertrudis hecha pasar por póstuma de Vicente. Aunque las cuentas no salían...

Defunción original de Vicente Puig.

La muerte de Vicente era necesaria y conveniente para Fernando VII, y de ahí las falsificaciones de su defunción para que su oportuna muerte pareciera natural. Ya con el camino libre Fernando podía llevarse al palacio a Gertrudis para tenerla a su regia disposición. El aliciente de un embarazo podría resolver sus dudas sobre su capacidad de traer al mundo herederos, que brillaban por su ausencia. Su único matrimonio, con María Antonia Borbón, solo había dejado dos abortos en los cuatro años que duró. Viudo ya diez años, le urgía casarse, y Gertrudis entró a formar parte de la servidumbre real de su nueva esposa, María Isabel de Braganza. El calvario de Gertrudis no había hecho más que empezar, quedando condenada a soportar ser su juguete hasta que se cansara, sin atreverse a rechistar ante las malas consecuencias que pudieran sufrir los siete hijos legítimos de Vicente y la niña nacida en 1816.

Defunción falsa de Vicente Puig.


Desde la llegada de Gertrudis a palacio fueron  continuas las chapuzas para justificar las gracias concedidas, partiendo de su misma admisión, sin ningún papel de nobleza que la avalara para el cargo. En 1818 la reina fallecía sin que del matrimonio quedara a Fernando otra cosa que hijos malogrados, aparte de la niña Gertrudis Puig Romero, con el récord de supervivencia de los hijos de Fernando. Urgía nuevo casamiento, y se realizó en 1819, al tiempo que el de Gertrudis, en palacio real, como matrimonio tapadera del que nacen Juan y Fernanda, apadrinada esta última por Fernando y la reina Josefa Amalia, que a lo largo de diez años de matrimonio no tuvo ningún embarazo. Gertrudis no vivió para verlo. En 1823 Fernando decidió quitársela de en medio, primero echándola de palacio y luego de rechazar sus súplicas a lo largo de meses, costeando su entierro secreto en que se falsea la causa de su muerte. 

La caída en desgracia de Gertrudis se traspasó a sus hijos, siete de Vicente y tres del rey. Hubieron de transcurrir tres años para que se dieran las circunstancias que les permitieron apretar las tuercas al monarca logrando de él diversas concesiones con falsificaciones de todo tipo, incluyendo de defunción, nacimiento e incluso de nobleza para garantizar el ingreso de Federico Puig Romero en el Real Colegio de Artillería. ¿Qué tenían en sus manos los huérfanos Puig Romero para exigirle a Fernando  después de haber sufrido  el mayor despotismo por parte del monarca? Quizá algo de ello supo su heredera Isabel II cuando eligió a Federico Puig Romero como su presa, quién sabe si atraída por el morbo de compartir con él hermanos. Y un heredero, que más tarde reinaría como Alfonso XII…


Federico Puig Romero y su presunto hijo, Alfonso XII.


La historia novelada en Alfonso XII y la corona maldita (Altera,2018) se ajusta a los hechos reales sacados a la luz en Voces desde el más allá de la historia (Incipit, 2015).

martes, 17 de noviembre de 2020

El padre secreto de Alfonso XII

 

Isabel II, Francisco de Asís y el príncipe Alfonso.



Por estas fechas, en 1857, la reina Isabel II se hallaba próxima a dar a luz. Uno más de tantos embarazos en los que se barajaban nombres sobre el verdadero progenitor, puesto que del rey consorte no se esperaba participación activa en la tarea de traer vástagos al mundo. En esto se bastaba sola Isabel II, cuyo matrimonio con su primo homosexual, Francisco de Asís, no supuso para ella ningún obstáculo a la hora de cumplir cabalmente con su principal deber como reina, que era concebir herederos de la corona. Podría decirse que fue una pionera en fertilización asistida. Esto descolocó bastante al ambicioso duque de Montpensier, marido de su hermana y rival Luisa Fernanda. El duque daba por supuesto que tendría asegurado el trono para su esposa al no haber descendencia del matrimonio real. Pero Isabel era mujer de recursos y no desdeñaba ocasión de propiciar encuentros íntimos con cuantos se pusieran a tiro real, convirtiéndolos en donantes genéticos para la real estirpe.


El duque de Montpensier siguió conspirando en la sombra, con sus zarpas listas para recoger el trono de manos de su esposa si la ocasión se presentaba, y bastante tuvo que ver en la caída de su cuñada años después. Tampoco podía Isabel confiar demasiado en su esposo, dispuesto a pactar con los carlistas, principales interesados en desligitimar la rama de Isabel II. La pregunta es: ¿qué era tan importante en este embarazo de 1857 que llevó al Papa a amonestar a la reina? ¿Qué tenía de especial este affaire que le distinguiera del resto de nombres de la larga lista de amantes de la reina?


Los historiadores y cronistas citan a un oficial apellidado Puig Moltó. La forma incorrecta de escribir el apellido compuesto Puigmoltó indica que no había documentos escritos sino solo rumores que muy bien pudieron ser útiles para encubrir a otro oficial apellidado Puig Romero. 


Lo cierto es que los rumores fueron deliberadamente expandidos desde el mismo entorno de la reina, hasta el punto de intervenir el Vaticano, lo que lleva a pensar en una cortina de humo. Curiosamente, el Papa aceptó apadrinar a este vástago nacido el 28 de noviembre de 1857, que resultó ser un varón, y por tanto heredero de la corona. Cuesta creer que tras un embarazo escandaloso el Papa se prestara a ello, legitimando así a este niño que fue concebido a principios de 1857. Con esto la reina les daba un golpe de mano a los carlistas, que de haber dado con el auténtico padre del príncipe Alfonso, hubieran podido airear un pasado secreto y ominoso que hubiera puesto en tela de juicio los derechos de Isabel en el trono.


En 1868 el príncipe Alfonso tuvo que salir de España exiliado junto con sus padres, aunque retornó como rey gracias al pronunciamiento militar del general Martínez Campos en diciembre de 1874. Comenzó así su reinado, desligado completamente de su madre, con una actitud renovadora que le granjeó el nombre del Pacificador. Activo e incansable, no perdió un minuto  para contactar con quienes él denominaba sus queridos hermanos: los hijos legítimos de Federico Puig Romero, coronel de artillería asesinado el 22 de junio de 1866 en el cuartel de San Gil de Madrid, en circunstancias ocultas y falseadas por el gobierno de Isabel II. Las consecuencias de este asesinato colearon hasta 1873, proclamándose la primera república española.

 

Federico Puig Romero y Alfonso XII.
Federico Puig Romero y Alfonso XII.

            

La gran cortina de humo en torno al nacimiento de Alfonso XII ha dado sus frutos hasta el punto de que sin existir pruebas escritas de la paternidad de Enrique Puigmoltó y Mayans, basada en rumores, se le cita como padre biológico de Alfonso XII, haciéndose eco los medios que no se atreven a sacar a la luz la tenebrosa historia que destaparía unos hechos muy oscuros de los ascendientes del actual monarca. Para muchos resulta mejor quedarse con la leyenda y no remover el cadáver de Federico Puig Romero, que pagó con la vida, al igual que sus padres, la cercanía a los Borbón. La investigación documentada se halla en mi libro Voces desde el más allá de la historia (Incipit, 2015), novelada en Alfonso XII y la corona maldita (Altera, 2018, Premio Hispania de Novela Histórica).


Con todos estos datos en la mano, todavía algunos se muestran reacios a desmitificar la leyenda, que analizada en profundidad se desmonta pieza por pieza. Ni el padre de Alfonso XII fue tuberculoso, y ni siquiera se puede hallar el parecido físico con Alfonso que se le atribuye, puesto que hasta el día de hoy no se ha dado conocer imagen alguna de este cacareado oficial Puigmoltó. Quizá porque desmentiría otro de los pilares falsos de la leyenda. Una leyenda que nos deja una historia frívola y seudoromántica, que nada tiene que ver con el sometimiento a que se vieron obligados para complacer caprichos regios Federico Puig Romero y su madre, Gertrudis Romero, con el padre de la reina, Fernando VII. Mejor dejarlo en cotilleos y validos que hablar de familias rotas, muertes silenciadas y abuso de poder.