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viernes, 15 de noviembre de 2019

Firmas de Isabel II y Alfonso XII vinculadas a su paternidad secreta



A lo largo de los años que he investigado sobre la posibilidad de que mi tatarabuelo, el coronel de artillería Federico Puig Romero, fuera el verdadero padre del rey Alfonso XII, he ido reuniendo una cantidad ingente de documentos en diversos archivos. Dos de ellos contienen las firmas originales de la reina Isabel II y de su hijo, ya reinando como Alfonso XII. Ambos documentos tienen en común nombramientos reales a personajes que tuvieron mucho que ver con Federico Puig Romero y su asesinato, producido el 22 de junio de 1866 en circunstancias que tanto el gobierno de Isabel II como el de Alfonso XII intentaron ocultar al público.

El primero de estos documentos, firmado por Isabel II, está fechado en el año 1862, coincidiendo con el quinto cumpleaños de su hijo el príncipe Alfonso, y va dirigido al duque de Bailén para que haga efectivo este nombramiento.

‹‹Con motivo y en celebridad del cumpleaños de mi augusto y querido hijo el príncipe de Asturias vengo en nombrar Gentilhombre de Cámara con ejercicio a Don Francisco Parreño y Lobato, Brigadier de Estado Mayor dispensándole el pago de los derechos de media anata. Lo tendrás entendido y lo comunicarás a quien corresponda. Dado en Palacio a veintiocho de noviembre de mil ochocientos sesenta y dos››.

Isabel II.

¿Qué era un Gentilhombre de Cámara con ejercicio? Si la mayoría de cargos palatinos, asignados a la nobleza, eran prácticamente inútiles y sus titulares apenas si tenían que realizar alguna función concreta dentro de la corte, el de Gentilhombre de Cámara con ejercicio no requería ningún servicio, y era un cargo honorífico que concedía S.M. de forma muy especial como una muestra de  su real aprecio. Francisco Parreño se había ganado esta especial confianza de la reina Isabel II. ¿Qué había hecho para ello?

Francisco Parreño Lobato desempeñó un papel fundamental, no solo en la ocultación de las circunstancias de la concepción del príncipe Alfonso en 1857, sino en las del asesinato de Federico Puig Romero, en 1866. En ambas ocasiones su situación era privilegiada y plenamente vinculada al general Narváez. Los detalles completos se hallan en mi libro de investigación Voces desde el más allá de la historia, que daría pie a que dos años más tarde publicara la novela histórica basada en esta investigación, Alfonso XII y la corona maldita, premiada en 2018.

  
El general Ramón María Narváez, vinculado a Francisco Parreño Lobato.


Sobre quién es Francisco Parreño Lobato, en el Archivo General Militar lo hallé entre los militares encuadrados en la categoría de Célebres. ¿Qué le dio tanta celebridad? Fue mi primera pregunta. Se puede hallar en internet información sobre su trayectoria, a la que yo añado la personal, resultado de mis investigaciones particulares y totalmente documentadas.

Francisco Parreño tenía un hermano llamado Manuel, militar como él. Manuel contrajo matrimonio con la hermana de Federico Puig Romero llamada Gertrudis, cuyo nacimiento encerraba secretos compartidos por Federico e Isabel II, ambos hermanos de Gertrudis Puig Romero. Que de esta unión entre Federico y la reina Isabel II naciera el futuro Alfonso XII era sin duda algo muy grave y necesario de ocultar, que se presentaba a Francisco Parreño Lobato como una gran oportunidad de colaboración en la trama que se ideó para lanzar los rumores de la paternidad del entonces príncipe Alfonso sobre otro, que ha pasado a la historia como el padre biológico de Alfonso XII: Enrique Puigmoltó y Mayans.

Federico Puig Romero (izquierda) y el rey Alfonso XII.

Si esta labor de Francisco Parreño fue tan apreciada por la reina, no lo fue menos su papel decisivo en la ocultación de las auténticas circunstancias del asesinato del hermano de su cuñada. Como se demuestra en mi libro de investigación, y se cuenta en la novela, Francisco Parreño obtuvo de la reina condecoraciones y ascensos, llegando incluso a ser nombrado subsecretario de guerra, cargo que le permitió falsear en el expediente de Federico Puig Romero el modo en que había ocurrido su asesinato, como fruto de una conspiración al margen de la sublevación en que se pretendió hacer creer se había producido. El cese de Francisco Parreño en la política coincidió con la marcha de Isabel II al exilio, retornando de nuevo a los altos cargos en el reinado de Alfonso XII, coincidiendo con la venida a España de la ex reina, cuando los consejos de Francisco Parreño fueron tan bien valorados como para concedérsele el cargo de consejero de estado hasta la enfermedad que le llevó a la su muerte, en 1882.

Para entonces quedaba poco de vida a Alfonso XII, víctima de la tuberculosis que se decía sufría el padre que le achacaba la rumorología desde el mismo entorno de la reina, Puigmoltó. Dicho personaje jamás padeció esta enfermedad, que sin embargo sí  padecieron los hermanos de Federico Puig Romero y gran parte de sus nietos. 

El 25 de noviembre de 1885 fallecía Alfonso, dejando de regente a su viuda, María Cristina, embarazada de no se sabía si un niño, como efectivamente lo fue. Pocos meses después de nacer el que sería Alfonso XIII, se produciría el asesinato del conde de Mirasol, el personaje a que hace referencia el otro documento citado al principio, con la firma de Alfonso XII y al que le dedicaré otra entrada de este blog. 


jueves, 31 de octubre de 2019

Defunción falsa del abuelo de Alfonso XII



Actual Plaza de San Francisco de Asis (Pamplona).

Pamplona, 1 de noviembre de 1815. La antigua iglesia del convento de Francisco de Asís acogía el cadáver del coronel de Infantería Vicente Puig Formenti, el desconocido abuelo paterno de Alfonso XII. El abuelo paterno oficial de Alfonso XII es el infante Francisco de Paula, hermano del rey Fernando VII. Esto siempre y cuando la reina Isabel II, heredera de Fernando VII, hubiera procreado este hijo con el rey consorte, Francisco de Asís. Pero parece ser que ni este hijo ni ninguno de los dados a luz por la reina Isabel II tenía demasiadas probabilidades de ser legítimo, al menos por la rama paterna, dadas las preferencias sexuales del rey consorte y la gran capacidad amatoria de Isabel II, que cumplía a la perfección con sus deberes de dar a luz vástagos reales, recurriendo si era preciso a la ayuda externa de cuantos colaboraron en la tarea de forjar estos herederos de la corona que su esposo Francisco de Asís difícilmente podría engendrar.


De todos estos vástagos, de quien más se habló fue  del príncipe Alfonso, que más adelante reinaría como Alfonso XII. Se rumoreó hasta la saciedad que el candidato a esta paternidad (en cada alumbramiento se especulaba sobre la identidad del donante genético) era un oficial de Ingenieros llamado Enrique Puigmoltó y Mayans (el nombre correcto no se decía entonces, porque solo se manejaban rumores). Se ocultaba así la identidad de quien se vio obligado a cumplimentar a la reina en su fogosidad, dando como resultado aquel embarazo del príncipe Alfonso. ¿Por qué ocultar esta identidad recurriendo a otro que generara un escándalo tan grande que desviara totalmente la atención de Federico Puig Romero?

Federico Puig Romero y Alfonso XII.
                   

El padre de Federico era Vicente Puig Formenti, y la falsificación de la defunción de Vicente coincide  con que su esposa Gertrudis quedara embarazada de Fernando VII. Vicente sobraba en los planes de Fernando. Todo esto constituye el entramado de mi novela ganadora del Premio Hispania de Novela Histórica, Alfonso XII y la corona maldita. Pero aunque hablemos de una novela, los hechos que la sustentan distan muy poco de la realidad, que puede hallarse en la investigación en que se basa, publicada en mi libro Voces desde el más allá de la historia.

Tres generaciones de la rama Borbón quedan vinculadas por lazos de vida y muerte a tres generaciones Puig. De la rama Borbón: en la primera, Fernando VII con Gertrudis Romero (viuda de Vicente Puig Formenti); en la segunda, Isabel II con Federico Puig Romero y, por último, en la tercera, Alfonso XII con los hermanos Federico y Enrique Puig Romaguera (sus hermanos de padre).


Fernando VII.


Todo comienza en la primera generación, cuando Gertrudis Romero es arrastrada involuntariamente a la vida de Fernando VII, repitiéndose la historia bíblica de Betsabé, elegida por el rey David como su amante a pesar de estar casada, para lo cual, dicho rey David se aseguró de la muerte de su esposo, Urías. La realidad vivida por Gertrudis y su familia supera la ficción.

Defunción original de Vicente Puig Formenti.

      
Defunción falsa de Vicente Puig Formenti incluida en el expediente de viudedad.

Tal día como mañana, en 1815,  se producía la muerte de Vicente Puig Formenti, cuya defunción fue necesario falsificar dejando el camino libre a Fernando VII para llevar a Gertrudis a palacio, despojándola de su dignidad y disponiendo de ella a su antojo hasta que se cansa y le da un final trágico. Todo lo que ocurre después lleva a esa segunda generación de cuyo entrecruce surge Alfonso XII. 

Las consecuencias llegarían más tarde cuando se produce el asesinato de Federico Puig Romero y la necesidad del estado de encubrir sus circunstancias. Ya no era tan sencillo tapar un crimen como en el absolutismo de Fernando VII, y este asesinato sin resolver de Federico da bastantes quebraderos de cabeza a cuantos requirieron que quedara zanjado. Tal vez lo consiguieron durante mucho tiempo, pero los hechos no pueden ocultarse siempre, menos aún cuando se comienza a escarbar. Y ese ha sido mi trabajo a lo largo de años. La historia merece ser conocida y contrastada. Y que los lectores juzguen.



miércoles, 16 de octubre de 2019

El proyecto de bibliotecas militares en España del catalán Antonio Puig Luca





Tal día como ayer, en 1843, el gobierno provisional publicaba el decreto de establecimiento de bibliotecas militares en España. Cinco días antes había cumplido trece años la heredera al trono, que al poco tiempo fue declarada mayor de edad y proclamada reina Isabel II. Su madre, María Cristina de Borbón Dos Sicilias, no estaba para verlo, porque en 1840 había partido al exilio, tras seis años de regencia. Fue en este lapso cuando le fue presentado por primera vez el proyecto de establecimiento de bibliotecas militares por el autor original de la idea, Antonio Puig Luca, militar catalán perteneciente al Servicio Científico de la Guerra y por entonces gobernador de la Ciudadela de Barcelona.

María Cristina de Borbón Dos Sicilias.

El 25 de diciembre de 1836 Antonio Puig Luca remite a su superior una memoria con su proyecto, que es trasladada a María Cristina, la cual responde el 13 de enero de 1837 prometiendo ponerlo en práctica y agradeciendo a Antonio Puig y Luca su celo y patriotismo. La Real Orden que lo expresa viene a reconocer la autoría y literalmente dice así:

‹‹De todo se ha enterado S.M. con sumo agrado y lisonjeándose de que el aumento de la riqueza pública y el anhelo universal de la instrucción no tardarán en producir naturalmente en nuestro país ese género de establecimiento que como otras muchas instituciones de la mayor importancia solo pueden existir con crédito y utilidad a favor de aquellas circunstancias; se ha dignado resolver que entretanto llega ese caso dé V.E. las gracias al expresado coronel por su ilustrado celo y patriotismo. De Real Orden lo digo a V.E. para su inteligencia y cumplimiento. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid 13 de enero de 1837››.


La promesa tarda siete años en cumplirse, ya sin María Cristina. En el decreto de 15 de octubre de 1843 firmado por el general Serrano se da a conocer públicamente el proyecto de Antonio Puig Luca pero sin reconocimiento ni mención alguna de su autoría. Un año después, el 27 de septiembre de 1844, otro decreto, esta vez firmado por Isabel II, anula el anterior. 

‹‹No habiendo sido posible hasta ahora llevar a efecto el decreto del 15 de octubre del año anterior… y convencida de las dificultades que se presentan para la realización de aquel pensamiento, siendo la más invencible la falta de fondos para la compra de las obras necesarias, vengo en decretar lo siguiente: Artículo 1º “queda sin efecto el decreto de 15 de octubre de 1843››. 


Cabe preguntarse si en ello influyeron las reclamaciones de Antonio Puig Luca, al que en agosto de 1844 se le deja excedente siendo todavía teniente de rey de la Ciudadela. En septiembre reitera su petición de ascenso, acompañada de un informe del capitán general de Cataluña, pero todo es inútil. 

Según su biógrafo, Julio de Ramón Laca, autor del libro Antonio Puig y Luca, un eximio patricio inédito (estudio biográfico, histórico y penológico crítico), el trato recibido por Antonio Puig fue mezquino e injusto hasta el punto de deteriorar su salud  y expirar el 15 de abril de 1848.



Remito a esta biografía para conocer a fondo la personalidad que Ramón Laca intenta rescatar del olvido, destacando esta personalidad polifacética sobresaliente en el campo militar y penológico, con ideas avanzadas para su tiempo, desarrollando continuamente ideas en el campo literario, periodístico, para la Real Academia de Historia y en multitud de proyectos urbanísticos para implementar mejoras en su querida Barcelona. Una visión detallada y muy personal sobre su vida la proporciona su amigo y albacea Antonio Búxeres, autor del Elogio al difunto coronel Don Antonio Puig y Luca, leído en sesión pública de la Academia de Buenas Letras el 27 de mayo de 1849 en homenaje a este socio ejemplar después de cumplirse un año de su muerte.


Respecto a su faceta menos conocida y oculta, Antonio Puig Luca era primo hermano de Vicente Puig Formenti, mi antepasado, ambos de estirpe barcelonesa y militares de los Reales Ejércitos, a los que servía Vicente Puig Formenti en el Regimiento de Voluntarios de Barcelona cuando se casó en 1802. De este matrimonio nacerían siete hijos, de los cuales  Antonio Puig Luca llegó a convertirse en tutor después de las penalidades que hubo de sufrir esta familia a la vera de Fernando VII. Uno de ellos, mi tatarabuelo, Federico Puig Romero, mantuvo estrecha relación con su tío Antonio, el cual no llegó a ver el dramático final de Federico, ni a conocer la relación a que se vio abocado con Isabel II, resultando de ello el futuro rey Alfonso XII. Pero eso es otra historia que doy a conocer en las investigaciones de mi libro Voces desde el más allá de la historia (Incipit, 2015), novelado en Alfonso XII y la corona maldita (Altera, 2018). 

lunes, 30 de septiembre de 2019

Los hijos ocultos de Fernando VII



Ayer en el año 1833 dejaba el mundo de los vivos el monarca español más odiado, que curiosamente fue conocido durante la invasión francesa como El Deseado. El sobrenombre se lo puso el iluso pueblo español que luchó encarnizadamente para traerle de regreso a España y devolverle la corona que él mismo había regalado a Napoleón Bonaparte. Desde su retorno, en 1814, hasta su fallecimiento, los mismos que le aclamaron tuvieron múltiples ocasiones para comprobar que el sobrenombre más adecuado hubiera sido El Nefasto.

El 3 de octubre de 1833 se publicaba en La Gaceta  lo referente al testamento de Fernando VII y la regencia de su esposa, María Cristina Borbón, sobre la niña Isabel, hasta que tuviera edad de reinar.  Mucho se ha escrito ya sobre el problema sucesorio al no dejar Fernando VII un varón, trayendo como consecuencia las guerras carlistas entre los partidarios de Carlos Isidro y su sobrina, la hija mayor de Fernando VII. La cuestión es: ¿era esta niña Isabel su hija mayor? La respuesta es no. Y esto se basa en  los datos nuevos que aporto en las investigaciones de mi libro Voces desde el más allá de la historia, en el que baso mi novela histórica Alfonso XII y la corona maldita.

Las investigaciones dejan al descubierto la existencia de tres hermanos mayores de la heredera del trono: Gertrudis, Juan y Fernanda, esta última apadrinada en 1822 por el rey Fernando VII y su tercera esposa, Josefa Amalia de Sajonia. Tanto Fernanda como su hermano Juan recibieron el apellido del consorte del matrimonio arreglado por el rey, casándolo en palacio con la mujer que se vio forzada a convertirse en la amante del déspota: Gertrudis Romero. De mujer respetable y casada con un militar, pasó a quedarse embarazada con su marido ausente y al poco viuda, teniendo mucho que ver en ambas cosas Fernando VII, para quien la oportuna muerte del marido de Gertrudis le deja el camino libre para llevarla a palacio hasta que se cansó de jugar con ella y, como el gato con el ratón, le dio un zarpazo tras otro hasta terminar prematuramente con su vida en 1824, agonizando en el domicilio de Calle de las Huertas 3, de Madrid.

Imagen actual de Calle de las Huertas 3 (Madrid).

Seis años después, en 1830 nacería la primera hija oficial de Fernando VII, Isabel II, proclamada reina anticipadamente, a los trece, un año después de fallecer su hermana oculta Gertrudis Puig Romero, catorce años mayor que ella. Consta en la defunción de Gertrudis Romero que  vivía en calle de las Huertas número 3. En la colección de estampas de la Biblioteca Nacional hay una de Isabel II recién proclamada reina cuya descripción reza así:

          Doña Ysabel II, Reyna Católica De España
        Busto.  Traje claro, diadema, collar de perlas.  Óvalo.  V. López lo pintó.  V. Camarón lo lit.° Calixto de la Muela lo estampó en su Establto.  Calle de las Huertas n.° 3 cuarto pral (...)  Colección Carderera. 

La efigie de Isabel II en la casa donde con tanta zozobra había sufrido su agonía Gertrudis Romero... La ironía del destino parecía rubricar con esta estampa el infausto hilo de los acontecimientos que entrecruzaba en sus redes a ambas familias, Puig y Borbón, en dos generaciones. Los hechos se adaptaban al oráculo de una  tragedia griega que hubiera anunciado a Gertrudis: tendrás hijos de rey, y de ti saldrá un rey.  Si no se cumplía en la primera generación, en la segunda, con Alfonso XII, proveniente, por partes iguales, de Fernando y Gertrudis: de un hijo de Gertrudis y de una hija de Fernando. Gertrudis le ganaba la partida a título póstumo a Fernando, cuya falta de heredero varón provocó tantos desastres en España.  

Con el escritor Paco Arenas y su esposa durante la presentación en FNAC de Valencia de mi novela Alfonso XII y la corona maldita (ganadora del V Premio Hispania de Novela Histórica).



lunes, 16 de septiembre de 2019

Manual del buen truhán en Vía Libros, de Elga Reátegui



De nuevo he tenido  el privilegio de figurar en uno de los magníficos espacios de la escritora y periodista Elga Reátegui. Esta vez le toca el turno a mi novela satírica Manual del buen truhán en el recientemente inaugurado espacio Vía Libros, donde Elga, de forma muy breve y amena, realiza vídeos con microrreseñas literarias. Ya nombramos de pasada a Manual del buen truhán en la entrevista que me realizó Elga para su espacio Momentos, la más vista del año 2018. En aquella entrevista hablamos más de mi libro Voces desde el más allá de la historia y la novela histórica recién premiada entonces Alfonso XII y la corona maldita, basada en la investigación del libro anterior. Desde aquí  toda mi gratitud  para esta gran profesional que es Elga Reátegui, cuyo último trabajo, El ecosistema de las hormigas (Lastura Ediciones), acaba de publicarse. 

Enlaces a los correspondientes vídeos en youtube:



Manual del buen truhán supone un cambio total de registro respecto a mis otras dos obras publicadas. Como dije en aquella entrevista, el humor forma parte de mí, y esto queda bien patente en Manual del buen truhán, una obra subversiva hasta en su título, desafiando las  normativas de la Real Academia Española que suprimen la tilde de truhán. Es una historia llena de humor negro, como apunta algún lector cuando dice:
‹‹A pesar del humor socarrón que destila toda la novela, la misma da también mucho que pensar por las profundas reflexiones que contiene.
Lo mejor en mi opinión: la creación de una teoría aparentemente absurda (las bondades de ser malvado), pero razonada con argumentos difícilmente rebatibles, los cuales nos llegan a hacer dudar de si los postulados de dicha teoría son una mera broma con la que se nos pretende hacer reír, o bien lo que se pretende es invitarnos a reflexionar sobre si los esfuerzos que hace la gente "normal" por ser "buena" merecen realmente la pena.
Y cómo no, el personaje que representa la encarnación de dicha teoría, cuya abrumadora personalidad podría rellenar esta y otras muchas novelas, todo ello sin despreciar el elenco de personajes "secundarios" que no tienen desperdicio (la Militara, el Zumbón, el Zancajos, el Generalillo...).
Todo ello aderezado con una trama que entremezcla la ficción con hechos reales, lo cual hace que el lector quede atrapado desde el primer capítulo.
En definitiva, humor inteligente de calidad, lo cual hace que la lectura sea amena y divertida, al punto que el libro se puede leer de un tirón sin ninguna dificultad
››

¿Os animáis? Podéis conseguir este y mis otros dos libros dedicados solicitándolo en este sitio web. Gracias a todos. 





domingo, 1 de septiembre de 2019

Fernando VII y el funeral secreto de una muerte anunciada


                                           
                   


Ayer, coincidiendo con el aniversario de la misteriosa muerte de una mujer enterrada mediante oficio funeral secreto costeado por el bolsillo de Fernando VII, se hacía referencia a ella en una publicación de Instagram, por ser un personaje principal de una novela histórica que la autora del post está leyendo. El personaje existió realmente, y su nombre, Gertrudis Romero, empieza a darse a conocer en diversas publicaciones y medios de internet. Concretamente en un reputado blog, en el recuento de hijos del militar Juan Guillelmi Andrada, se dice: ‹‹Uno de ellos, Juan Guillelmi Valenzuela tuvo que casar, por orden de Fernando VII, en la Capilla Real con la viuda Gertrudis Romero, que era la amante del Rey›› (1). 

Volviendo a la lectora de la novela histórica Alfonso XII y la corona maldita, comenta en su publicación de Instagram: ‹‹Además se decía que el Felón tenía muchas amantes, pero la que más le gustó, según las labores de investigación de nuestra autora, fue Gertrudis, una antepasada suya. Una mujer luchadora y valiente, que aguantó humillaciones con tal de sacar a sus hijos adelante. De su matrimonio con su amado Vicente (un oficial) tenía 7 hijos. Luego al rey le dio también hijos. De momento no digo más, hay que leerla. Estoy impresionada por el personaje de Gertrudis, una heroína›› (2).


                              

Desde que mi novela Alfonso XII y la corona maldita resultara ganadora del Premio Hispania de Novela Histórica y luego publicada (Ediciones Altera, 2018), han sido muchos los comentarios de lectores acerca de esta historia, que tal como indica la lectora citada arriba, está basada en mis investigaciones, dadas a conocer previamente en mi libro Voces desde el más allá de la historia (Incipit Editores, 2015).  Gertrudis Romero es un nombre que no se había incluido hasta entonces en la lista de amantes de Fernando VII elaborada hace mucho, cuando apenas se les citaba por los rumores que habían sustentado esta creencia. Y como investigadora, trabajo en el que sigo inmersa de esta y épocas anteriores de nuestra historia, me atrevo a afirmar que la mayoría de los rumores, aparte de indocumentados, son lo que hoy consideraríamos leyendas urbanas. En cualquier caso, las leyendas suelen basarse en algo real, y es labor del investigador escarbar para sacar conclusiones fiables.
   
                                            


El caso de Gertrudis Romero está perfectamente documentado. Y tanto es así que ha impresionado a historiadores, como por ejemplo Juan Francisco Fuentes, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, quien dio una opinión muy favorable sobre mi libro Voces desde el más allá de la historia. Casualmente corresponde a un libro del que es coautor junto con Pilar Garí la primera cita de Gertrudis Romero en una publicación antes de que yo sacara a la luz a este personaje inédito. El libro se titula Amazonas de la libertad (Marcial Pons, 2013), y en este se halla una escueta referencia a Gertrudis Romero como parte del personal de palacio del que se prescindió en 1823-24 por el Decreto de Andújar. Cuál no sería la sorpresa del catedrático al descubrir en mi libro todo lo que encerraba este personaje y el verdadero motivo de su despido, que desembocaría en ese entierro secreto en la parroquia de San Sebastián de Madrid, tal día como hoy hace 195 años.

(2) @calaveritalee (Instagram)


sábado, 17 de agosto de 2019

Inicio y fin de la primera república española


                                           

La primera república española, nacida el 11 de febrero de 1873, fue fulminada por el golpe de estado del general Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque el 3 de enero de 1874. Sobre dicho general, perteneciente al cuerpo de artillería, se publica un artículo en el ABC el 6 de febrero de 1931, citando su trayectoria y resaltando la defensa acérrima que hace de Baltasar Hidalgo de Quintana, personaje clave del gravísimo conflicto artillero que se produjo a finales de 1872, detonando la abdicación del rey Amadeo de Saboya, tras lo que fue votada la primera república.

Baltasar Hidalgo de Quintana aceptó ponerse al frente de las tropas que se sublevarían contra sus jefes en el cuartel de San Gil de Madrid el día 22 de junio de 1866. Esta decisión de Hidalgo implicaba actuar en contra de sus compañeros de artillería, lo cual violaba el juramento sagrado de este cuerpo. Se escudó más tarde en que se había licenciado antes, pero lo cierto es que aquel día vestía el traje de artillero y su solicitud de licencia absoluta coincidió con el impago de una deuda que se le reclamaba tiempo antes en el cuerpo de artillería. A finales de 1867 publica en el extranjero una carta de justificación en la que muestra encono hacia los oficiales muertos en el cuartel de San Gil, ensañándose particularmente con el coronel Federico Puig Romero, cuyo asesinato no resuelto y la participación que tiene en su encubrimiento el gobierno de Isabel II y más adelante, el de sus herederos, constituye el eje de la investigación de mi libro Voces desde el más allá de la historia.


El general Pavía compartía piso con Hidalgo en la emigración a que se vieron abocados los participantes en la revolución del 22 de junio de 1866. Por breve tiempo, pues en 1868 se aliaron todos haciendo partir al exilio a la ex reina Isabel, que se instala en Francia, desde donde mantiene correspondencia con Antonio Cánovas del Castillo, impulsor de la restauración borbónica en el heredero, el príncipe Alfonso, cuya paternidad secreta apunta a un candidato hasta hoy ignorado: Federico Puig Romero, cuyo asesinato dio tanto que hablar a Hidalgo, provocando con su escrito la repulsa del cuerpo de artillería, prefiriendo todos los oficiales renunciar a sus puestos antes que tener que estar bajo el mando de Hidalgo, al que consideraban traidor a sus juramentos.


La república de 1873 apenas tuvo tiempo de afianzarse. Cuatro presidentes en tan breve lapso, el último de ellos, Emilio Castelar, no pudieron evitar la amenaza del golpismo como medio de privar las libertades. En este nuevo gobierno es presidente el general Serrano, que nombra ministro de gobernación a Eugenio García Ruizconspirador con quien se había enemistado Hidalgo en 1867 por contradecirle en la descripción de las circunstancias del asesinato del coronel Puig,​ hacia el que muestra Hidalgo especial inquina en su carta de justificación. 

Golpe de estado del General Pavía en las cortes el 3 de enero de 1874.

 ¿Y qué pasó mientras tanto con los oficiales de artillería que se quedaron fuera del ejército? Su renuncia en masa, privando al país de su papel en momento tan crítico, no podía mantenerse demasiado tiempo. Sus juramentos de honor les llevaron a abandonar su deber, lo más sagrado para ellos. El último presidente de la república antes del golpe de Pavía, Emilio Castelar, sería quien solucionaría el conflicto devolviéndoles a sus puestos, en octubre de este año. Un mes antes, el cuerpo de artillería dirige carta a Isabel de Borbón en el exilio, y sobre el contenido de este escrito, escribe  ella a Cánovas el 5 de septiembre de 1873, día del cumpleaños de Federico, que seguramente recordaría la ex reina muy especialmente, diciendo:

Cuanto me ha certificado la leal carta del coronel Reyna por sí y en nombre de todos los oficiales del pundonoroso y leal cuerpo de artillería me halaga infinito y pierde cuidado que nadie más que mi hijo que es reservado sabrá nada de esta carta pues sería fatal que por saberse dejasen de colocar en sus puestos a esos distinguidos y leales oficiales.


Aquel secreto que guardara Alfonso marcó profundamente su trayectoria, ligándole estrechamente al cuerpo de artillería al que pertenecieron su presunto padre, Federico Puig Romero, y los hijos de este, a los que él llamaba hermanos. La investigación, en Voces desde el más allá de la historia, y la novela basada en estos hechos, Alfonso XII y la corona maldita, dan testimonio de ello.