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martes, 31 de diciembre de 2019

Limpieza de sangre de la abuela de Alfonso XII



La procedencia borbónica del rey Alfonso XII apenas puede certificarse por parte de su madre, la reina Isabel II, y la abuela de esta, María Luisa de Parma, esposa del rey Carlos IV, el cual parece ser que colaboró poco o nada en engendrar los vástagos reales, uno de ellos, el rey Fernando VII, y el otro, Francisco de Paula, sendos padres de la reina Isabel II y su consorte Francisco de Asís. De este matrimonio existen serias dudas de que se pueda atribuir progenie alguna a Francisco de Asís, surgiendo las incógnitas sobre los donantes genéticos que aportaron su granito de arena para que doña Isabel II y su abuela, doña María Luisa, trajeran al mundo vástagos reales.

Carlos IV y su esposa María Luisa Borbón Parma

   A la vista de esta información, Isabel II no habría logrado salir bien parada si se le hubiese solicitado un informe de limpieza de sangre. Afortunadamente no tuvo que someterse a esta intrincada prueba que sí debían pasar las aspirantes a contraer matrimonio con un oficial perteneciente a los Reales Ejércitos, como fue el caso de Gertrudis Romero, madre del padre biológico de Alfonso XII en mi novela Alfonso XII y la corona maldita, basada en hechos reales y documentados publicados en mi libro de investigación Voces desde el más allá de la historia, que desmonta, entre otras cosas, la leyenda sobre el oficial Enrique Puigmoltó y Mayans como el auténtico padre de Alfonso XII.
Isabel II y su esposo Francisco de Asís con el príncipe Alfonso.


En cualquier caso, Alfonso XII al menos tenía la garantía de que su abuela paterna, Gertrudis Romero, había superado en 1802 el informe de limpieza de sangre del cual se le hubiera eximido de haber sido noble o hija de oficial, porque en estos casos quedaba implícita la limpieza de sangre. Todo oficial de entonces, a partir del grado de capitán, como era el caso de Vicente Puig, para casarse debía solicitar Real Licencia al Montepío Militar. Si era concedida, en caso de muerte del oficial, la contrayente podría optar a pensión de viudedad y los hijos del matrimonio a la de orfandad.


Para elaborar el informe de limpieza de sangre se requería un notario que diera fe de los testimonios que de forma legalizada debían acreditar los méritos de la novia y sus antepasados hasta tres generaciones, los cuales no debían tener mezcla de  judíos, moros o conversos a la santa fe católica. A esto había que añadir la parte económica. Gertrudis, por pertenecer al estado llano, debía aportar una dote de 50.000 reales vellón, mientras que las nobles o hijas de hidalgo pagaban 20.000. Además debía acreditar que su padre y abuelos, hasta la tercera generación, eran hombres buenos, honrados y limpios de sangre y oficios, y hubiera quedado descartada de haber tenido algún antepasado artista o bien con oficio, empleo o profesión mecánica o popular. Esto último supuso un escollo a superar, porque su padre era sacristán, y algunos  consideraban mecánico este oficio. Todos estos requisitos dan una idea de los rancios usos de segregación existentes en la sociedad española de aquel tiempo.


La Real Licencia, no sin grandes dificultades, fue finalmente lograda, y el matrimonio se celebró el 23 de julio de 1802. Federico sería el quinto hijo del matrimonio, nacido en 1812, aunque se falseara más adelante la fecha a 1815, con intervención directa de Fernando VII. En 1857 nacería su hijo ilegítimo el príncipe Alfonso, al  que no llegaría a verle iniciar su reinado en 1874, porque Federico había sido asesinado en 1866.

Retrato de Federico Puig Romero en el museo de Artillería, con la fecha en que fue asesinado.

¿A quién le importa si el padre biológico se llamara Enrique Puigmoltó o Federico Puig Romero, el hasta ahora ignorado padre en la sombra de Alfonso XII? La existencia de validos es conocida a lo largo de la historia y a nadie escandaliza. De ahí que todavía hoy en día se tome esto a la ligera con diversos artículos publicados en la red, más o menos del mismo corte, con títulos sugerentes del estilo Cuando Puigmoltó inyectó sangre nueva en los Borbón, ¿Quién era el auténtico padre de Alfonso XII?, Los amores de Isabel II, el militar Enrique Puigmoltó y las dudas sobre la paternidad de Alfonso..., etc. Artículos que se quedan con la parte frívola basada en rumores, que sirvió en su momento para desviar la atención de los hechos graves que se quisieron mantener ocultos y saco a la luz en mi investigación, documentada y avalada por historiadores. Queda en el aire la razón por la que, teniendo la posibilidad de rectificar, o al menos  dejar a la vista la nueva información para que los lectores saquen sus propias conclusiones, estos medios prefieran quedarse con la leyenda. Quién sabe... Al fin y al cabo, estamos hablando de los antepasados de los actuales reyes. Y también de los míos…

sábado, 14 de diciembre de 2019

Proyecto de ley para beneficiar a los hermanos de Alfonso XII



La distinción que hizo la reina Isabel II con la familia del coronel de artillería Federico Puig Romero llegó hasta el punto de requerirse un proyecto de ley porque las concesiones que quiso hacer la soberana no entraban en el actual reglamento.  Federico Puig Romero había sido asesinado en el cuartel de San Gil de Madrid el 22 de junio de 1866. ¿En qué circunstancias? Aparentemente en la sublevación que se originó en su regimiento, o al menos, eso es lo que intentó difundir el gobierno. Otros oficiales más murieron ese día, pero además de ser el único considerado asesinato, también fue excepcional la reacción de la soberana, distinguiendo esta muerte del resto.

Firma de Amalia Romaguera en carta dirigida a Isabel II poco antes de solicitarse el proyecto de ley.

En La Gaceta no se publicó ninguna otra entrevista aparte de la mantenida entre los reyes y la familia rota del coronel Puig, que recibió todo tipo de atenciones y favores reales, manteniéndose silencio acerca de lo que habían vivido en su casa, cuando fue asaltado por sorpresa el cabeza de familia, antes de iniciarse la sublevación. Las características de este asesinato dejaban clara una conspiración, cuya autoría intelectual quedó sumida en el misterio. Era patente el empeño de cerrar el caso cuanto antes, pese a las contradicciones en cuanto al lugar donde fue hallado su cadáver. Se alimentaron las especulaciones de la prensa privada, sin desmentido alguno. Con tal confusión resultó mucho más sencillo falsear los datos de su expediente. ¿Por qué colaboraba Isabel II en esconder a toda costa este asesinato que fue cometido al margen de los planes revolucionarios? ¿Influía en ello que llegara a descubrirse que este asesinado era el auténtico padre del príncipe Alfonso, que hasta ahora se había hecho creer era el oficial Enrique Puigmoltó y Mayans?



Tachado de algunas concesiones extraordinarias en el apartado de Observaciones.

En la investigación que desarrollo en Voces desde el más allá de la historia se plantean estos interrogantes con datos documentados, que dan pie a la ficción novelada de Alfonso XII y la corona maldita, donde sí se resuelve el asesinato. Pero los hechos son reales, no es un triller inventado. Y en este puzzle, la reina Isabel II es una pieza fundamental. Hechos palpables que se dan a conocer en la investigación dan pie a mucho más. Y uno de los más notorios es que en su empeño de ascender la pensión a la viuda, Amalia Romaguera, llegara a querer darle el doble, saltándose los reglamentos, lo cual, para acatarla, requirió que se llevara al congreso de diputados esta proposición de ley. En los trámites puede comprobarse además cómo se quiere echar tierra al asesinato, así como de las ayudas bajo mano que ha hecho a la familia y cómo se intentan ocultar.


Así, puede leerse en el expediente del proyecto de ley que la reina consignaba de su propio bolsillo 600 escudos mensuales para ayuda a los estudios del hijo mayor, al que además se le concedía el empleo con sueldo de alférez. Al hermano menor, cuando alcanzara la edad necesaria, se le reservaba plaza de artillería. Estos datos, que constan en el expediente, se tachan en el trámite, como se ve en la imagen, porque no interesaba decirlos. Tampoco se responde a la pregunta de los diputados acerca de que se proporcione información sobre los precedentes de la sublevación y circunstancias de su asesinato: ‹‹respecto a las circunstancias que precedieron y siguieron a la sublevación del 5º regimiento de artillería a pie, nada consta que pueda perjudicar la buena reputación militar del coronel Puig...››

Y para asegurarse de ello, nunca llegó a incluirse el folio con información clave sobre el lugar donde fue hallado el cadáver de Federico Puig Romero. El folio se quedó en su expediente personal.

El folio que nunca se incluyó en el expediente de los acontecimientos del 22 de junio de 1866 (con el reverso).


Consecuencia de todo ello fue que se reclamara para el resto de familias de oficiales muertos una equiparación al no ser justificado en ningún caso el favoritismo que hacía la reina a la familia de Federico Puig Romero, al que le unían estrechos vínculos que debían permanecer en el más absoluto secreto. ¿Qué había detrás de todo ello? Los datos que se aportan en Voces desde el más allá de la historia quizá permitan a los historiadores revisar algunos episodios de nuestra historia que en estas investigaciones salen a la luz por primera vez.

Federico Puig Romero a los 53 y Alfonso XII sobre los 25.