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martes, 5 de diciembre de 2017

Origen de las bibliotecas militares en España


Entrada al Centro Cultural de los Ejércitos (Valencia).

Tal día como hoy hace bastantes años abrí la puerta hacia un pasado oculto y tenebroso que pugnaba por emerger. Unas pocas narraciones de familia constituían mi punto de partida cuando mi madre y yo nos dirigimos a la Biblioteca Militar del Centro Cultural de los Ejércitos de Valencia. Desconocía entonces que ese mismo día, 5 de diciembre, casi doscientos años antes, Antonio Guillelmi, secretario de cámara del hermano del rey Carlos IV,  
firmaría un escrito con detalles acerca de la partida de la familia real española hacia Bayona. Mucha información secreta estaba en manos de este personaje a quien los hilos del destino unirían a los avatares de la familia Puig Romero, mis antepasados.

Ignoraba yo  las nefastas consecuencias del encuentro de esta familia con Fernando VII y de qué manera alteraría el rumbo de sus vidas, primero con las prematuras muertes de Vicente Puig y Gertrudis Romero, la cual enseguida quedó viuda y a merced de los designios del absoluto durante los años que él dispuso hasta que decidió librarse de ella y costearle un funeral secreto tras despojar a ella y su familia de todos sus derechos. Entre los huérfanos se hallaba Federico, cuyo destino se ligaría en el futuro al de la hija de Fernando VII, Isabel II. Años después el asesinato de Federico quedaría encubierto por Isabel II y su gobierno. Su posible paternidad del heredero de la reina y los secretos de Antonio Guillelmi pesaban demasiado.

Retrato de Antonio Puig y Luca en la portada de la biografía que sobre él escribió Julio de Ramón Laca.

Averiguaría tiempo después que el tío de Federico Puig Romero había sigo quien originariamente propuso el proyecto de creación de bibliotecas militares en España y fue agradecido mediante real decreto por  la regente María Cristina, viuda de Fernando VII. El decreto no se materializaría hasta 1843, recién proclamada reina Isabel a los trece años. Se ignoró por completo la autoría del proyecto de Antonio Puig y Luca, que años atrás había sido víctima de un sumario contra él por orden de Fernando VII durante la época en que decidió tachar a los Puig Romero de caídos en desgracia. Tras la muerte de Antonio Guillelmi, los años de injusticia e indigencia se transformaron en concesiones extraordinarias para esta familia y el sobreseimiento del caso para Antonio Puig y Luca, para lo cual se llegó a recurrir a hacer constar en documentos oficiales una muerte falsa. 

¿Por qué se tomó tantas molestias Fernando VII con esta familia? ¿Qué temió tanto el absoluto en 1827? ¿Por qué se usurpó la autoría de Antonio Puig y Luca en 1843? Quizá su nombre era molesto por su nexo a un pasado que no convenía destapar y afectaría años después a su sobrino, que el 22 de junio de 1866 sería víctima de un asesinato encubierto por el estado desde el primer momento. ¿Qué interés tenía Isabel II en ocultar las auténticas circunstancias  del asesinato de Federico Puig Romero?


Intento dar respuesta a estos y más interrogantes en el libro Voces desde el más allá de la historia, fruto de años de trabajo e investigación, parte de la cual dio pie a mi artículo Origen de las bibliotecas militares en España, publicado en 2013 por la revista Claseshistoria y  que ha sido catalogado en diversas universidades norteamericanas y europeas. Puede descargarse en este enlace:

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