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domingo, 13 de diciembre de 2020

Las falsificaciones de Fernando VII





Si preguntamos por reyes falsos y traicioneros, a la mente de todos viene Fernando VII, el rey que se ganó a pulso el mote de Rey Felón. Ya he aludido a sus traiciones en mi entrada Las traiciones de Fernando VII, quedándome corta. Sobre eso se ha escrito largo y tendido. Pero yo añado datos concretos de mis investigaciones que han sido publicadas por primera vez en mi libo Voces desde el más allá de la historia y ahondan en la vida personal del monarca que pasó de ser el Deseado a la pesadilla de todos. Por desgracia, a mi antepasada Gertrudis le tocó la china cuando se fijó en ella y la tomó como su pertenencia, quitando de en medio a su esposo, el militar Vicente Puig, cuyos años de denodada lucha contra los invasores para devolver la corona a Fernando no le valieron de gran cosa más que para convertirse en cornudo real y, para más escarnio, dar su apellido a la niña que trajo al mundo Gertrudis hecha pasar por póstuma de Vicente. Aunque las cuentas no salían...

Defunción original de Vicente Puig.

La muerte de Vicente era necesaria y conveniente para Fernando VII, y de ahí las falsificaciones de su defunción para que su oportuna muerte pareciera natural. Ya con el camino libre Fernando podía llevarse al palacio a Gertrudis para tenerla a su regia disposición. El aliciente de un embarazo podría resolver sus dudas sobre su capacidad de traer al mundo herederos, que brillaban por su ausencia. Su único matrimonio, con María Antonia Borbón, solo había dejado dos abortos en los cuatro años que duró. Viudo ya diez años, le urgía casarse, y Gertrudis entró a formar parte de la servidumbre real de su nueva esposa, María Isabel de Braganza. El calvario de Gertrudis no había hecho más que empezar, quedando condenada a soportar ser su juguete hasta que se cansara, sin atreverse a rechistar ante las malas consecuencias que pudieran sufrir los siete hijos legítimos de Vicente y la niña nacida en 1816.

Defunción falsa de Vicente Puig.


Desde la llegada de Gertrudis a palacio fueron  continuas las chapuzas para justificar las gracias concedidas, partiendo de su misma admisión, sin ningún papel de nobleza que la avalara para el cargo. En 1818 la reina fallecía sin que del matrimonio quedara a Fernando otra cosa que hijos malogrados, aparte de la niña Gertrudis Puig Romero, con el récord de supervivencia de los hijos de Fernando. Urgía nuevo casamiento, y se realizó en 1819, al tiempo que el de Gertrudis, en palacio real, como matrimonio tapadera del que nacen Juan y Fernanda, apadrinada esta última por Fernando y la reina Josefa Amalia, que a lo largo de diez años de matrimonio no tuvo ningún embarazo. Gertrudis no vivió para verlo. En 1823 Fernando decidió quitársela de en medio, primero echándola de palacio y luego de rechazar sus súplicas a lo largo de meses, costeando su entierro secreto en que se falsea la causa de su muerte. 

La caída en desgracia de Gertrudis se traspasó a sus hijos, siete de Vicente y tres del rey. Hubieron de transcurrir tres años para que se dieran las circunstancias que les permitieron apretar las tuercas al monarca logrando de él diversas concesiones con falsificaciones de todo tipo, incluyendo de defunción, nacimiento e incluso de nobleza para garantizar el ingreso de Federico Puig Romero en el Real Colegio de Artillería. ¿Qué tenían en sus manos los huérfanos Puig Romero para exigirle a Fernando  después de haber sufrido  el mayor despotismo por parte del monarca? Quizá algo de ello supo su heredera Isabel II cuando eligió a Federico Puig Romero como su presa, quién sabe si atraída por el morbo de compartir con él hermanos. Y un heredero, que más tarde reinaría como Alfonso XII…


Federico Puig Romero y su presunto hijo, Alfonso XII.


La historia novelada en Alfonso XII y la corona maldita (Altera,2018) se ajusta a los hechos reales sacados a la luz en Voces desde el más allá de la historia (Incipit, 2015).

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