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lunes, 25 de enero de 2016

Pacto de silencio de Isabel II con la viuda del supuesto padre del príncipe Alfonso


Difícil es imaginar el pánico vivido por la esposa y los dos hijos del coronel de artillería Federico Puig Romero al escuchar su asesinato tras una puerta y sentir sobre ellos la amenaza de correr la misma suerte.  Los ejecutores de este terrible cometido contaban con la protección del gobierno de Isabel II, que días después de la tragedia recibe en palacio a la viuda y huérfanos. Fue una distinción tan notoria que lo reflejó la prensa, sin hablarse de otra entrevista de viudas de otros oficiales de artillería también muertos el 22 de junio de 1866  a manos de sargentos sublevados. 
Amalia Romaguera, viuda de Federico Puig Romero, acudía con sus dos hijos, que en el futuro descubrirían el parentesco de hermanos que les unía al heredero de Isabel II, la cual a partir de esa entrevista se convirtió en protectora oficial de ellos concediéndoles una gracia sin ejemplar remuneratoria de la funestísima desgracia basada en las especiales circunstancias de la muerte de su padre. Concede además Isabel II una cantidad de su propia asignación para los huérfanos en concepto de pensión. Y tanto quería contentar Isabel II a Amalia Romaguera que decide elevarle la pensión más allá de los límites legales vigentes, lo que implicó crear un proyecto de ley para esta concesión. El congreso de los diputados debate en el congreso sobre esto, y el 8 de mayo de 1867 se solicitan cuantos hechos y noticias estime oportunos a fin de que se esclarezcan todas las circunstancias que precedieron a la sublevación del regimiento que mandaba este jefe el día 22 de junio del año próximo pasado, y las que ocurrieron en el acto de cometerse su asesinato.
El 21 de mayo, coincidiendo con la repentina muerte de Félix Martín Romero, primo hermano de Federico que acompañó en la entrevista a la viuda y huérfanos y estaba casado con la nieta del valido Godoy, los encargados de tramitar el requerimiento del congreso de los diputados eluden la respuesta acerca de cómo ocurrió el asesinato, aconsejando se responda que respecto a las circunstancias que precedieron y siguieron a la sublevación del 5º regimiento de artillería a pie nada consta que pueda perjudicar la buena reputación del coronel Puig y demás jefes y oficiales. 21 de mayo de 1867.


Casi un año después del asesinato, del que se habían dado diversas versiones en prensa consentida por el gobierno sin dar desmentido alguno, con contradicciones sobre la ubicación de su cadáver que se ocultaron en el expediente de los acontecimientos, no se explica ni una sola circunstancia del asesinato al congreso de los diputados, pese a que se fusilara a su supuesto asesino en cuanto se filtró la noticia que desmontaba las cortinas de humo lanzadas por el gobierno. ¿Cuánto temía Isabel II pudiera descubrirse y perjudicarla gravemente si salían a la luz las auténticas circunstancias del asesinato? 

lunes, 18 de enero de 2016

El legendario colegio de artillería (2ª parte)



El Real Colegio de Artillería no siempre fue sinónimo de distinción y tuvo sus períodos oscuros entre 1850 y 1890. Federico Puig Romero vivió una de las mejores etapas del colegio, precisamente el de su reapertura en 1830, cuando ser artillero tenía una aureola romántica y caballeresca propia de los mosqueteros, cuyo lema, Todos para uno y uno para todos, perteneciente al Real Colegio desde tiempos de su fundación, destaca ese afán corporativista tan presente entre sus integrantes. Destaco como curiosidad que algunos de los castigos por entonces consistían en comer sin mantel, quedarse sin postre o no poder portar la pluma blanca en el sombrero, en tanto que los premios podían ser recibir libros o medallas como recompensa a la aplicación.
Una norma fundamental para los artilleros era regirse por principios de honor. Debían ser nobles, valerosos, científicos y guerreros, sin dejar de ser caballeros, por lo que no es de extrañar que entre sus asignaturas figurara la esgrima y el baile, suprimido este a partir de 1856, cuando Isabel II comienza a visitar este establecimiento con relativa asiduidad, al hallarse próximo a su lugar de veraneo, el palacio de La Granja de San Ildefonso. En este período comienza a borrarse en el expediente de Federico Puig Romero lo que le vincula al colegio de artillería. Las visitas de la reina se repiten hasta 1861. Coincide esta etapa con que el colegio alcance un gran descrédito, y siendo director de artillería el general Serrano se manda real orden en octubre de 1858, ordenando que  proponga con urgencia las reformas que crea útiles y convenientes a fin de que desaparezcan las prevenciones que en la opinión pública existen contra el Colegio.  En 1864, ya camino de la revolución, se produce un conflicto artillero propiciado por el general Córdova, que dos años más tarde tuvo como consecuencia la sublevación de los sargentos de artillería en el cuartel de San Gil donde fue asesinado Federico Puig Romero.


Alfonso XII protegió especialmente el cuerpo de artillería al que había pertenecido su supuesto padre durante su corto reinado, durante el cual fue el principal impulsor de la reconstrucción del desolado alcázar de Segovia desde el incendio de 6 de marzo de 1862 que requirió el traslado del colegio a su actual ubicación, donde Alfonso realizó varias visitas y fue muy querido y respetado por el cuerpo. Todo lo contrario a su heredero Alfonso XIII, durante cuyo reinado se produjeron varios conflictos con el cuerpo de artillería, al que pretendía amalgamar con el resto de armas, quizá para enterrar un pasado que su padre Alfonso XII intentaba resarcir. En 1928, durante la dictadura de Primo de Rivera, se decide que los artilleros dejen de ser ingenieros industriales para ser solamente militares. Dos años antes había surgido un conflicto con los artilleros, que se sentían burlados, engañados y atacados injustamente por Alfonso XIII, como expresan en un diario extranjero titulado Hojas libres. El resultado fue que se cerró la academia de artillería por el dictador, y ante la oposición de los artilleros se les quita el empleo y se declara estado de guerra en toda España. Naufragaba ya la monarquía y todos los secretos que conviniera esconder relacionados con la artillería poco importaban ya para mantener un régimen en que el pueblo no quería, como demostró en las urnas en abril de 1931 al surgir la segunda república. 

domingo, 10 de enero de 2016

El legendario colegio de artillería (1ª parte)



Ayer se cumplían 15 años desde mi primera visita al archivo militar en el imponente Alcázar de Segovia, donde inicialmente se ubicó el Real Colegio de Artillería, fundado el 16 de mayo de 1764. Se trataba de uno de los establecimientos más importantes del mundo, como lo demuestra que en su laboratorio fundamentara el químico Louis Proust su famoso postulado de la teoría de las proporciones definidas. La artillería era sinónimo de ciencia, saber y nobleza. Para las familias de entonces, tener un caballero cadete artillero era un símbolo de prestigio en la sociedad.

En la fundación del Real Colegio ejerció de profesor Jorge Juan Guillelmi Andrada, hermano de Juan Guillelmi Andrada, que ingresaba como alumno. Juan fue padre del que sería el segundo consorte de Gertrudis Romero por dictado de Fernando VII. Más adelante, en 1830, ingresaría en el Real Colegio Federico Puig Romero, tras la reapertura desde que hubiera sido cerrado por Fernando VII en 1823, cuando repudió a Gertrudis y su familia, ejerciendo sobre ellos el mayor despotismo.

En la reapertura de 1830 el colegio recobraba el esplendor de los viejos tiempos, y el ingreso de Federico hubo de pasar por encima de las normativas vigentes por orden de Fernando VII, llegándose a falsificar la partida de nacimiento de Federico porque sobrepasaba la edad permitida, así como a concedérsele dispensa especial para no presentar los papeles de nobleza materna que no existían, puesto que la colocación de su madre en palacio no tenía otras credenciales que la voluntad del déspota de tenerla a su lado, para lo cual antes fue necesario que su marido la dejara viuda.



En 1830 se reabre este Real Colegio a petición de Carlos O’Donell, padre de Leopoldo O’Donnell y Jorís, el famoso general del reinado isabelino. Él mismo fue quien tuvo que recurrir a falsificar la defunción de Antonio Puig y Luca, tío y tutor de Federico desde que en 1824 falleciera Gertrudis y desapareciera luego el marido impuesto por Fernando VII para ella, Juan Guillelmi Valenzuela. La hermana mayor de Federico poseía información privilegiada sobre esta próxima reapertura, hasta el punto de que podría pensarse que se produjera a su petición. Como otras que le fueron concedidas a partir de 1827, cuando fallece Antonio Guillelmi, que fuera secretario de cámara del infante Antonio Pascual, y tío del marido de Gertrudis. Fernando VII pasa entonces del mayor despotismo hacia los Puig Romero a todas las concesiones, por difíciles que fueran. Algo muy grande le había hecho temerles y doblegarse. Los Puig Romero emergían nuevamente y Federico pertenecía a esa nueva generación de caballeros cadetes en los que quizá se inspiró el escritor Alejandro Dumas para sus mosqueteros, puesto que  desde  la fundación del colegio de artillería, una frase se podía leer en los pasillos: Todos para cada uno y cada uno para los demás.

domingo, 3 de enero de 2016

Nexo entre Manuel Godoy y Gertrudis Romero


Manuel Godoy y Álvarez de Faria



Manuel Godoy y Álvarez de Faria pasó a la historia como el valido de los reyes Carlos IV y María Luisa, padres del futuro Fernando VII, que siendo príncipe de Asturias conspiró contra ellos, forzando en 1808 la abdicación de su padre y el encarcelamiento de Godoy, quitándole el título de Príncipe de la Paz obtenido en 1795 por sus habilidades estadistas que pusieron fin a la guerra con Francia.

La mala prensa contra Godoy fue tanta como la propaganda a favor del Deseado, llamado así Fernando VII ilusamente por el pueblo cuando tuvo que partir a Francia tras haberle cedido la corona a Napoleón, creyendo la gente que estaba secuestrado a la fuerza cuando hay cartas que demuestran que aplaudía a Napoleón sus logros, lo que llevó a la guerra de independencia española contra la invasión francesa prolongada desde 1808 hasta 1814, cuando regresó el Deseado y quienes le habían defendido comprendieron que habían sido engañados. Esto no cambió la idea que tenían acerca de Godoy, cuya figura hasta relativamente hace poco tiempo no ha empezado a reivindicarse al estudiarse objetivamente su trayectoria, envilecida por los sectores oscurantistas que demonizaban a Godoy por introducir en España las nuevas ideas de la ilustración.
Josefa Tudó

Durante su tiempo de gobierno, entre 1792 y 1797, se relacionó con la familia Guillelmi, vinculados a la familia real desde la llegada del primer Borbón a España, Felipe V, en 1700. En 1819 Fernando VII, para cubrir apariencias, dispone el casamiento en la capilla real de Gertrudis Romero con Juan Guillelmi Valenzuela, cuyo padre, que llegó a ser virrey de Venezuela, se había casado en el Real Sitio del Pardo. Federico Puig Romero mantuvo estrecho vínculo con los Guillelmi, no solo por el casamiento de su madre, sino por pertenecer al Real Cuerpo de Artillería como la mayor parte de la saga de los Guillelmi. El nexo de Godoy a los Guillelmi alcanza al sobrino y ahijado de Gertrudis Romero, que en 1853 contrae matrimonio con Matilde Godoy, nieta del famoso valido. Esto fue dos años después de la muerte de Manuel Godoy, y acude como madrina su viuda Josefa Tudó. Del matrimonio entre Félix Martín Romero y Matilde Godoy nacería una hija, que heredaría en el futuro el título de condesa de Castillo Fiel.

Fue precisamente Félix Martín Romero quien en 1866, recién ocurrido el asesinato de su primo Federico Puig Romero en circunstancias encubiertas por el gobierno, acompañaría a la viuda y huérfanos en su entrevista con Isabel II y su esposo Francisco de Asís, prometiendo ella proteger a los huérfanos especialmente, como queda reflejado en prensa. Francisco de Asís era hijo del infante Francisco de Paula, el menor de los hijos de Carlos IV y María Luisa del que siempre se había corrido la voz que era hijo de Manuel Godoy.  

domingo, 27 de diciembre de 2015

El atentado contra el general Prim


145 años se cumplen hoy de los disparos a la berlina del general Prim que dieron con su muerte tres días después, según nos cuenta la historia, o antes, según algunas teorías actuales tras reabrirse el caso de su asesinato en 2014, coincidiendo con su 200 aniversario de nacimiento.
La berlina en que viajaba en ese momento está catalogada en el museo del Ejército con el número 5868, las mismas cifras en otro orden de 5886, con que fue catalogado en el mismo museo el retrato de Federico Puig Romero. Aparte de esta macabra y anecdótica coincidencia de cifras, ambos asesinatos tienen más cosas vinculantes. Si hacia el estado apunta la autoría del atentado contra Prim, es el estado quien participa activamente en encubrir el asesinato de Federico Puig Romero, entre cuyos asesinos materiales se halla alguien vinculado al general Prim, que es el director del movimiento revolucionario de 1866 que sirvió para camuflar las auténticas circunstancias del asesinato de Federico Puig Romero, realizado por alguien que contaba con la protección del gobierno de Isabel II, que premia con grandeza de España al principal encubridor. También premia al general Serrano con el toisson de oro, la máxima distinción que otorga la corona, por su actuación en el asalto al cuartel de San Gil el 22 de junio de 1866.
El papel de Serrano es decisivo en este encubrimiento, al ser el primero que hallaría en el cuartel el cadáver del coronel Puig, que en los días sucesivos se convirtió en ubicuo en la prensa auspiciada por el gobierno generando una cortina de humo que cumplía el objetivo de que no se descubriera que murió en su vivienda asaltado por sicarios sin posibilidad de defenderse, y no en medio de la sublevación. Serrano es considerado uno de los principales posibles autores intelectuales del asesinato de Prim.
A Serrano le unía gran amistad con el coronel Puig, hasta el punto de llamar hermano al coronel Puig. Serrano se enfrenta a Prim aparentemente en 1866, aunque en 1868 son aliados cuando sale de España Isabel II. ¿Qué papel desempeñó Serrano en los asesinatos de Puig y Prim?


Muchas páginas del abultado sumario del asesinato de Prim desaparecen durante la dictadura que con el general Vigón propiciaba otra versión falsa del asesinato del coronel Puig. ¿A quién protegía la dictadura franquista al ocultar información sobre ambos asesinatos?

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Un cortesano en 1815


1815 sería el último año de vida de Vicente Puig, al que se atribuye como hija póstuma la niña de que queda embarazada Gertrudis en ausencia de este por dictado de Fernando VII. Ni llegó a enterarse del embarazo de su esposa porque halló una muerte repentina cuya causa fue falsificada, al igual que los datos del expediente de viudedad para que salieran las cuentas y la niña nacida  en 1816, ya siendo azafata de la reina Gertrudis, llevara el apellido Puig en lugar de Borbón. Viuda y con siete hijos a su cargo más la niña que no era de su marido, Gertrudis se convirtió a partir de entonces en juguete de Fernando VII.  Muy similar a lo que sucede en la película El hombre de la máscara de hierro, basada en la obra de Alejandro Dumas, que quizá se inspiró en la historia de Gertrudis, que perviviría en la comidilla palaciega cuando el escritor llegó a la corte española. En la película, Cristine es objeto de deseo del rey Luis XIV, que ordena la muerte de su prometido. El rey pasa a ser su protector y ella no tiene otra opción que convertirse en su amante, porque la autoridad soberana es irrefutable, como sucedió a Gertrudis con Fernando VII. Cristine finalmente se suicida al descubrir el engaño. Gertrudis no tenía esta opción porque era madre y solo podía elegir entre sacar a sus hijos adelante o convertirlos en objeto de las iras del soberano, lo cual significaba elegir entre vida y muerte.

El absolutismo y terror que se vivía en este año lo recrea a la perfección Benito Pérez Galdós en su episodio nacional Memorias de un cortesano en 1815. El personaje que crea se llama Juan Bragas, más conocido como Pipaón. Explica Pipaón cómo pasó de la nada a sentarse en un sillón del Consejo de Castilla. Se entrenó en inventar cartas, remedar tipos de letra…, llegando a convertirse en indispensable para Fernando VII. Detalla cómo se despojaba de papeles a los perseguidos, porque si no, la justicia habría tenido que romperse los cascos para inventarlos después, lo cual es tarea larga y que da mucha fatiga y quita mucho tiempo a los señores de la comisión de Estado. El sector principal objeto de persecución eran los liberales, gaceteros, discursistas, preopinantes, soberanistas, republicanos, volterianos, masones... Es decir, cualquiera que se opusiera al absolutismo. Refiere cómo se corrían rumores falsos de conspiraciones, se contrataba gente para acusar a otros, utilizaban a franciscanos o agustinos para arengar la muchedumbre… Y los ministros estaban impedidos para gobernar porque el control de todo lo llevaba el equipo asesor del rey que, según el marqués de Villaurrutia, estaba compuesto principalmente por el duque de Alagón y Chamorro, de los cuales afirma: El  secreto de  la  perdurable   privanza  acaso   estaba  en  que, maestros  ambos   en  rufianescas tercerías, para dar gusto al Rey solo necesitaban  buscar  quien  se  lo  diera.  

La tragedia de la familia Puig al cruzarse en su camino Fernando VII puede reconstruirse y salir a la luz, pero en el anonimato quedarán muchas historias trágicas de vidas sumidas en el horror y desesperación por capricho soberano.



lunes, 21 de diciembre de 2015

Las abarcas del campesino analfabeto que soñó ser poeta


En entrada pasada Voces desde el más allá de la historia se halló presente en la presentación de Los manuscritos de Teresa Panza, novela que nos traslada a los tiempos cervantinos donde Don Quijote da paso a una nueva generación encarnada en la protagonista, Teresa Panza. Tras su lectura  no puede menos que aplaudirse a su autor, Paco Arenas, e intentar indagar en sus motivaciones y sentimientos. Y nada mejor que la poesía  para fotografiar el alma en sus momentos de explosión que brota con la necesidad de emerger y calar en los sentimientos de quienes los captan. Las abarcas del campesino analfabeto que soñó ser poeta nos invita a asomarnos a ese espíritu atrapado en las limitaciones de una vida con desigualdad de oportunidades que Paco Arenas no pierde oportunidad de reivindicar.

Podría calificarse de poesía social en parte, pero yo, en mi modesta opinión de lectora y no entendida de poesía, percibo mucho más que eso. Si en Los manuscritos de Teresa Panza la protagonista tiene tanta fuerza que casi parece llevar de su mano al autor, en sus poemas Paco Arenas es quien nos va dirigiendo para hacernos adentrar en  distintas épocas y vivencias, no de modo frío e impersonal, sino desde el mismo sentimiento, generando la inmediata reacción del interlocutor en que convierte a su lector.

A mí me ha aportado muchísimo esta lectura, llena de emociones contenidas, de retratos sociales ignorados u olvidados, de impotencia, de frustración, de superación, de humildad, de frenesí, de amor y desamor, de autenticidad y compromiso… En definitiva, una lección de vida y sentimiento que mueve a la reflexión y a la reacción, porque en cada uno de nosotros hay un Paco Arenas que pugna por salir y lanzar al viento reivindicaciones, ideales y lucha.  Y si su padre pudiera hablar, seguramente diría que se ha ganado a pulso el honor de calzar sus abarcas.