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| Juan Carlos Borbón y el dictador Franco. La restauración de los Borbón en 1975 con Juan Carlos I tras haber partido al exilio su abuelo Alfonso XIII, se producía impuesta por un militar, como sucedió en 1874 con Alfonso XII tras haber partido al exilio su madre Isabel II agotada la resistencia de su trono tras el golpe certero recibido con el movimiento revolucionario del 22 de junio de 1866, una de las jornadas más sangrientas de la historia de España y, sin embargo, la más silenciada. La represión y oleadas de fusilamientos no bastaron para sostener su corona. La conspiración y asesinato de que fue objeto Federico Puig Romero, vinculado al pasado más oscuro de ella y su dinastía, tampoco fue suficiente para que la corona resistiera. De nada valieron los testigos falsos, la cortina de humo en prensa acerca del asesinato, las extraordinarias concesiones a la viuda y huérfanos que presenciaron el terrible asesinato que el gobierno de Isabel II disfrazó como producto de la sublevación. |
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sábado, 8 de abril de 2017
113 aniversario de muerte de Isabel II
jueves, 24 de noviembre de 2016
En un artículo del New York Times piden a Felipe VI "que se busque un buen empleo"
El prestigioso diario estadounidense, uno de los más influyentes del planeta, incluía hace días un artículo de opinión firmado por el escritor argentino Martín Caparrós en el que dice que "una nación no necesita a una persona, a un rey, como símbolo". Y en el que añade que "eliminar los privilegios por nacimiento de la Familia Real contribuiría a acabar también con los privilegios de dinero o poder en España". "A Su majestad, el rey de España": con este título apareció hace unos días este alegato para sugerir a Felipe VI que ponga fin a la monarquía en España.
El prestigioso diario estadounidense, uno de los más influyentes del planeta, incluía hace días un artículo de opinión firmado por el escritor argentino Martín Caparrós en el que dice que "una nación no necesita a una persona, a un rey, como símbolo". Y en el que añade que "eliminar los privilegios por nacimiento de la Familia Real contribuiría a acabar también con los privilegios de dinero o poder en España". "A Su majestad, el rey de España": con este título apareció hace unos días este alegato para sugerir a Felipe VI que ponga fin a la monarquía en España.
Caparrós escribe en el diario El País, pero el texto en el que pide el final de la monarquía en España lo publicó en The New York Times. El articulista se dirige directamente a Felipe VI para pedirle que renuncie a ser rey pero dice que no lo hace porque él haya cometido errores, sino porque considera anacrónica la institución de la monarquía.
Este escritor argentino, historiador y periodista, descendiente de un republicano español que tuvo que exiliarse por la Guerra Civil a Buenos Aires, destaca que don Felipe ha aparecido mucho en los medios de comunicación durante las últimas semanas por la situación política española, las rondas de consultas y la posterior investidura. A propósito del nombramiento de Rajoy, Caparrós afirma que si el Rey no le nombrara el presidente lo sería igual, "porque esto se llama democracia; así que lo suyo no es gran cosa, lo sabemos, pero es su trabajo y trata de hacerlo lo mejor posible".
Martín Caparrós ataca a la monarquía como institución (no a don Felipe personalmente) por ser "una institución tan extraña, tan de otros tiempos, de otras sociedades". Pero le pide al monarca que renuncie y se consiga una casa y se busque "un buen empleo".
Cree que Juan Carlos I consiguió un lugar en la Historia al colaborar con el restablecimiento de la democracia tras la dictadura de Franco. Pero ve difícil que don Felipe pase a la Historia: sólo podría hacerlo abdicando, dice el articulista en el diario norteamericano.
Caparrós no entiende la abdicación como su renuncia en favor de su hija la princesa Leonor, sino como poner fin a la monarquía en España. "Usted en la pantalla anunciando que quiere ser un ciudadano como todos", sería el anuncio de renuncia de Felipe VI, según el autor del escrito.
El argentino invita al monarca a "vivir como uno más, hacer las cosas por su propio esfuerzo, porque entendió que privilegios como el suyo, por puro mérito de cuna, ya no tienen ningún sentido en estos tiempos; que todos los españoles deben ser iguales y que eso lo incluye", dice. Caparrós califica como "caduca y caducada" la institución que representa don Felipe y propone acabar con ella.
En este artículo del New York Times, Martín Caparrós recomienda al rey que ponga fin a la monarquía dentro de unos años, cuando se haya resuelto el caso Nóos que salpica a su hermana Cristina y así "todos puedan apreciar la grandeza inmarcesible de su gesto".
FUENTE: mis contenedores
lunes, 22 de febrero de 2016
23-F, la historia se repite
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| El dictador Franco con Juan Carlos de Borbón. |
El 23 de febrero de 1981, próximo mi regreso a España, el golpe militar de Tejero causó honda conmoción en mi
familia, parte de ella recién llegada a Valencia, rodeada esa noche por las
fuerzas militares salidas de Bétera y Paterna a consecuencia de la sublevación
de Jaime Milans del Bosch. Sobre este tema se van ampliando puntos de vista a
medida que el blindaje de la monarquía ante los medios ya no puede sostenerse tras
destaparse en 2011 el caso Nóos y añadirse a ello otros escándalos de la
familia real ante los cuales ha cambiado drásticamente su política de hermetismo
total con los medios de comunicación a estar dispuestos a ofrecer ruedas de
prensa para intentar lavar la desgastada imagen de Juan Carlos I.
Ricardo de la
Cierva, en su libro Retratos que entran
en la historia (1993), habla de
su última entrevista con Juan Carlos I, el 26 de enero de 1981, poco después de
haber sido cesado en su cargo de ministro de cultura. Juan Carlos I no ve muy
claro que su reinado pudiera durar mucho, pues según La Cierva, le dice: sería bueno llegar al 83, pero no sé si
vamos a poder. En estas circunstancias, el 23-F supuso para Juan Carlos I la
oportunidad de presentarse a España como el salvador de la democracia y garante
de las libertades civiles, por su oposición al golpe, lo cual le permitió alcanzar
un objetivo mucho más amplio que llegar al 83. El marketing de su imagen fue de lo
más eficaz durante años.
Repasando un
poco de historia, en su dinastía existen antecedentes de juegos a dos bandas
con los golpes o sublevaciones que el gobierno conocía de antemano y en los que
había que tomar posiciones. Esto lo dominaba a la maravilla su antepasado
Fernando VII, principal responsable del entrecruce trágico con mis antepasados
que daría con el fin de sus vidas anticipadamente. En el levantamiento del 7 de
julio de 1822 Fernando VII, para recuperar el absolutismo, conspira contra los
defensores de la constitución. Se promueve este golpe de estado mediante
batallones de la guardia real que salen a las calles y, en este doble juego, le
mantienen “retenido” en palacio sus mismos aliados. Así se cubría las espaldas
si fracasaba, como ocurrió, aunque no por mucho tiempo pues recurrió al año
siguiente a traer tropas francesas a España, logrando restaurar el
absolutismo.
No me extiendo aquí
con el 22 de junio de 1866, en el que se
halla involucrada la reina Isabel II en el encubrimiento del asesinato de Federico Puig
Romero, llevado a cabo mediante un plan paralelo al margen del revolucionario,
conocido de antemano por el gobierno. Vamos al 19 de
septiembre de 1886, durante la regencia de la viuda de Alfonso XII, cuando se
produce un movimiento republicano. Casualmente resultan víctimas mortales dos
oficiales de artillería que sobrevivieron el 22 de junio de 1866 y conocían
especiales circunstancias de Federico Puig Romero.
Respecto a Alfonso
XIII, sobra decir que no opuso resistencia al levantamiento de Primo de Rivera
que inició una dictadura en septiembre de 1923 que se alargó hasta enero de 1930, casi un año después de fallecer su madre, que había seguido reinando en la sombra. Siguió la dictablanda de Dámaso Berenguer hasta que la monarquía sucumbe el 14 de abril de 1931. Sobre esto hablaba Juan Carlos I
con La Cierva en 1980 afirmando: Jamás
haré yo cosa semejante. A mí solamente
me sacarán de aquí, si llega el caso, con los pies por delante…
El lunes 26 de
enero de 1981 no había audiencias en La Zarzuela, pero sí un gran revuelo militar por la casa, según refiere La Cierva. Seguramente
Juan Carlos I no deseaba seguir el ejemplo de su abuelo que a largo plazo no le
mantendría en el poder. Convenía mucho más esta oposición al golpe militar,
aunque quizá muchos de los implicados desconocieran exactamente el final de
aquel plan para el cual trabajaban.
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